Es mejor estar bien parado que estar bien estacionado.
Habla directamente al corazón.
Un espejo no sabe ser embustero.
Los años nos enseñan muchas cosas que los días ignoran
A quien tengas que dar de cenar, no te importe darle de merendar.
Un hombre es tan sabio cuanto a su cabeza, no cuanto a sus años.
El amor puro es mejor con algo de puro amor.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
El sabio convive con la gente sin criticar, el necio critica sin convivir.
La piedra regalada por un amigo es una manzana
Amor es demencia, y su médico, la ausencia.
No hay ausencia que mate, ni dolor que consuma.
El que siembra, cosecha.
A ciento de renta, mil de vanidad.
Quien a comer de gorra se mete, come por siete.
Oye los consejos la vieja como el gotear de las tejas.
Comida hecha, amistad deshecha.
No busques a la vez fortuna y mujer.
No es bueno huir en zancos.
Al mal dar, tabaquear.
El vino comerlo, y no beberlo.
La crítica debería de ser como la piedra de afilar, que aguza sin cortar.
Bueno es el amigo, querido el pariente, pero pobre tu bolsillo si dentro no hay nada.
No confundas, jinete, el galopar del caballo con los latidos de tu propio corazón.
Puerco que no grita cuchillo con el.
Mientras el tímido reflexiona, el valiente va, triunfa y vuelve.
El perro viejo cuando ladra da consejo.
Al queso y a la mujer, de vez en vez.
La paciencia en un momento de enojo evitará cien días de dolor.
Al herrero con barbas y a las letras con babas.
Los dioses ayudan al que trabaja
Nada más que me enderece dijo el jorobado.
Culos conocidos, a cien años son amigos.
El hombre nació para morir, es mortal.
Amor sin sacrificio, más que a amor, tira a fornicio.
La honestidad excesiva raya en la estupidez.
La ignorancia es la madre del atrevimiento.
Al hombre de trato llano, gusta darle la mano.
Castillo apercibido no es sorprendido.
Quien adama a la doncella, el alma trae en pena.
Yerro es ir de caza sin perro.
El oficial que no miente, sálgase de entre la gente.
Para quien roba un reino, la gloria; para quien roba un burro, la horca.
A los pendejos ni Dios los quiere.
En este mundo jodido el hijo regaña al padre y la mujer al marido.
No compra barato quien no ruega rato.
Ley puesta, trampa hecha.
Hablar hasta por los codos.
Entre el silencio del velorio mudo, se le zafa a cualquiera un estornudo.
Al que le van a dar le guardan y si esta frio se lo calientan