Cada tonto tiene su manía.
El hombre propone y Dios dispone.
Las cartas que una mujer desea recibir de un hombre son aquellas que él no debería escribir jamás.
La puerta de Dios siempre está de par en par.
Hay gente bien, en la lata, y mucho guache con plata.
Zamarra vieja, más calienta que una nueva.
La carne triste, no la quiere ni Cristo
Mejor pocos truenos en la boca y más rayos en la mano.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
Gana al que te quiere mal, y tendrás un amigo más.
¡Qué te fagorizen! (publicidad española de finales de los 60. FAGOR).
Hay amores que matan.
Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierda no importa.
Haz tres veces una cosa que está mal hacer y ya te parecerá buena.
Agua de bobos, que no llueve, y nos calamos todos.
Ni invierno viñatero, ni en otoño sembrador.
No hay empleo sin llevar un buen jamòn.
Esta es la opinión del cuco, pájaro que nunca anida, pone el huevo en nido ajeno y otro pájaro lo cría.
Donde veas a todos cojear, debes a lo menos renquear.
Si yo tuviera una escoba cuantas cosas barreria.
No te desesperes mientras puedas enamorarte
Nadie puede ver ojos bonitos en cara ajena.
Nobleza y cariño, los hereda el niño.
Bien de mis males, mal de mis bienes.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
Las cosas importantes quedan en el cajón.
Cuanto más escarba la gallina, más tierra se echa encima.
El que tiene peones y no los ve, se queda en calzones y no lo cree.
Cuando no hay un enemigo interior, los enemigos exteriores no pueden hacerte daño.
También de alegría se puede morir
Las caras nos vemos, más los corazones no.
Lo prestado, es primo hermano de lo dado.
Quien no puede dar en el asno, da en la albarda.
Peces grandes no viven en charcos pequeños.
Ocasión y tentación, madre e hija son.
El que nada debe nada teme.
Cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo espanta moscas.
Sufriré hija golosa y albendera, más no ventanera.
El que tiene más galío, traga más pinol.
Alabanza propia, mentira clara.
Cultiva centeno, mientras brilla el sol.
Caras vemos, corazones no sabemos.
El poder es el mayor enemigo de su dueño.
Con tijeras propias y tela ajena, ¡qué bien se corta!.
La enfermedad y el anciano, siempre de la mano.
El que quiero no me quiere, y el que no quiero me dan.
Aunque uno esté dormido, no deja de amanecer.
Cada maestrillo, tiene su librillo.
Un día de obra, un mes de escoba.
Cuando era moza, meaba por un punto, ahora que soy vieja, méolo todo junto.