Dios nos libre del día de las alabanzas.
De donde vino el asno vendrá la albarda.
La tierra no tiene sed de la sangre de los soldados, sino del sudor de los hombres.
Garganta de aduladores, sepulcro abierto
Justicia, dios la conserve; pero de ella nos preserve.
Dios los cría y el diablo los junta.
Jodido pero contento.
El que teme padecer padece ya lo que teme.
Quien compra cuando no puede, vende cuando no quiere.
Malo es pecar, y diabólico perseverar.
Idas sin vuelta, el hombre a la horca, el pan de pastores y los potros a la feria.
Dios está en todos lados pero atiende en la capital.
Agua, candela y la palabra de Dios, ningún hombre de bien las negó.
El yerro encelado, medio perdonado.
El que da, no debe volver a acordarse, pero el que recibe, nunca debe olvidar.
A las suegras, oírles la misa y sacarles el cuerpo.
Los locos a la guerra, los cuerdos en su tierra.
Por Todos los Santos, los trigos sembrados y todos los frutos en casa encerrados.
Quién guisa antes del Shabbat, comerá en shabbat.
Jueguen con el santo, pero no con la limosna.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Cuando el daño está hecho todos saben aconsejarte
Dios hace lo que quiere, y el hombre, lo que puede.
Por San Simón y San Judas, la habas son orejudas.
Dineros de sacristán, cantando se vienen cantando se van.
Dios no espera año para castigar.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
Más sordos y cegatones, quienes no aceptan razones.
Abájanse los estrados y álzanse los establos.
Si la fuerza hace vencedores, la concordia hace invencibles.
Ay, Jesús, que el rosario de mi compadre no tiene cruz.
Uno que a redentor se metió, crucificado murió.
Maderos hay que han dicha, maderos hay que no; de unos hacen santos, y de otros carbón.
Dios castiga sin piedra ni palo.
El que afloja tiene de indio.
Para la mi santiguada, que de donde vino el asno venga la albarda.
Todos: mozos, viejos, reyes y pastores estamos sujetos a sentir amores.
Si dios no perdonase, su paraíso estaría vacío.
Cuando Dios no quiere, los santos no pueden.
Dios encuentra un ramo bajo para el pájaro que no puede volar
Cuando el corsario promete misas y cera, con mal anda la galera.
Beatas con devoción, las tocas bajas y el rabo ladrón.
Ayer entró en la iglesia, y hoy se quiere alzar con toda ella.
A las armas las carga el diablo y las descargan los imbéciles.
No por ponerse a rezar, deja el cielo de tronar.
Nunca ocultes nada al sacerdote, al médico y al abogado.
Días de mucho vísperas de ayuno.
Dios nos libre del incendio en una casa vieja.
Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Dineros me dé Dios; que con mi poco saber me aviaré yo.