El día de San Matías, entra el sol por la umbría.
A cada santo le llega su día.
Hasta el rabo, todo es toro.
Cuando el dinero habla, la verdad calla.
Es costumbre de villanos tirar la piedra y esconder la mano.
Esfuerzo de vago, barriguera rota.
Aunque brille el sol no dejes la capa en casa.
Lo que dejes para después, para después se queda.
El tiempo no perdona a nadie.
Mal haya carbón de haya.
A Dios, lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.
Hacer oídos de mercader.
Dios consiente, pero no siempre.
De Segovia, ni el aire ni la novia.
Las cosas caen por su propio peso.
Mala olla y buen testamento.
Gallo viejo con el ala mata.
Boca de fraile, solo al pedir la abre.
El perro, mi amigo; la mujer mi enemigo; el hijo, mi señor.
Con el marisco, nada de vino arisco.
Ni "arre" que corras ni "so" que te pares.
Cuando se encapota el sol en jueves, antes del domingo llueve.
No hay mal que por bien no venga.
Casa en que una lágrima abre gotera, se pudre toda entera.
Desde San Antón, una hora más de sol.
Le vale mucho más al cuerdo la regla, que al necio la renta.
Esto el mundo me enseñó: a lo tuyo tú; y a lo mío, yo.
Casa de padre, viña de abuelo y olivar de bisabuelo.
El pan con ojos, el queso sin ojos, y el vino que salte a los ojos.
La excepción confirma la regla.
Lágrimas Las del heredero son risas encubiertas.
La suerte está echada.
Jodido pero contento.
El que con lobos anda a aullar aprende.
Más obrar que hablar.
A amor mal correspondido, ausencia y olvido.
Quien busca encuentra, aunque otra cosa sea.
El corazón del justo, piensa para responder.
El que a todos saluda, pronto rompe su cabeza.
Amigo leal y franco, mirlo blanco.
Palabras son cosa fría para el que aún de las obras no fía.
El cliente siempre tiene la razón.
De quien mira al suelo, no fíes tu dinero.
Este, como los gatos siempre cae parado.
Cada cosa tiene su precio.
Calle mojada, caja cerrada.
Cada día un grano pon, y harás un montón.
Contra la gota, ni gota.
Confianza, en Dios y en que sea gruesa la tabla.
A otro perro con ese hueso.