Enfermedad larga, cruz a la espalda.
Amigos que no dan y vecinos que no prestan, quedar mal poco cuesta.
Viuda honrada, su puerta cerrada.
Cartas que deprisa se escribieron, mil disgustos dieron.
Juego que tiene quite, no tiene pique.
De la mentira viven muchos, de la verdad, casi ninguno.
Al médico, confesor y letrado, no le hayas engañado.
Hijo de viuda, o mal criado, o mal acostumbrado.
Dios no cumple antojos, ni endereza jorobados.
A quien pasea con malas juntas, no le faltan problemas.
La jodienda no tiene enmienda.
La casta Susana, que enterró a tres maridos y aún le quedan ganas.
El tahúr no juega limpio.
Quien te cuenta las faltas de otro, las tuyas las tiene a ojo.
Si prestas a un compañero, pierdes amigo y dinero.
La malicia hace sucias las cosas limpias.
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
Quien adama a la doncella, el alma trae en pena.
La intención es lo que vale.
De mala vid, mal sarmiento.
Amigo traidorcillo, más hiere que un cuchillo.
Más vale ruin asno que estar sin él.
Boca sucia no habla limpio.
Oficio vano y con pena, al que le sigue condena.
El espejo no sabe mentir; lo que le dijeron ha de decir.
Con hombre egoísta, ni de trato ni de vista.
El mayor gusto, el vengar; la mayor gloria, el perdonar.
Quien hace mal, aborrece la claridad.
Huir ciando es menester, con honra se puede hacer.
No pierdas un amigo provechoso por lo que de él te diga el mentiroso.
A abad sin ciencia y sin conciencia, no le salva la inocencia.
En la casa del ahorcado, nombrar la soga es pecado.
El asunto de la jodienda no tiene enmienda.
No siempre huye el que vuelve la espalda
Quien a dos amos sirve, siempre termina mal.
En la boca del discreto, lo público es secreto.
Nunca me arrepentí de lo que no dije.
Las enfermedades son el impuesto que se paga por los placeres prohibidos.
A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.
Del falso bien viene el auténtico mal
Beldad y hermosura, poco dura; más vale la virtud y la cordura.
Vivir juntos es endemoniarse juntos.
Fíate del santo y no le prendas vela.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
Quien más tiene, menos suelta.
A hombre jugador y a caballo correlón, ¡ay qué poco les dura el honor!.
La envidia es en el ruin lo que en el hierro el orín.
De ésta me saque Dios, que en otra no me meteré yo.
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
Pereza, llave de pobreza.