Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Ni patos a la carreta, ni bueyes a volar, ni moza con viejo casar.
La muerte, al pobre no se atreve.
Boda mojada, novia afortunada.
Abad y ballestero, mal para los moros.
A presurosa demanda, espaciosa respuesta.
El que antes muere, antes lo entierran.
Nos vengamos de una vileza cometiendo otra
Se cree el bizco rey entre los ciegos.
El sol sale para justos y pecadores.
Arca cerrada con llave, lo que encierra no se sabe.
Quien no tenga pan para Mayo, ni hierba para Abril, no le habría su madre de parir.
Zanja tu cuestión por albedrío de buen varón.
Di poco, pero lo poco que digas, dilo bien.
El tonto ni de Dios goza.
De pequeños principios resultan grandes fines.
Al dar las doce, queso añejo y vino que rebose.
De San Martín en adelante ya no hay diablo que aguante.
Malo es callar cuando conviene hablar.
El hombre haragán trabaja solo al final.
Esta todo dicho pero no hay nada hecho.
El asno puede entrar en el templo, pero no por ello se convierte en monje
Señores lo dan y siervos lo lloran.
Buen esfuerzo vence a la mala ventura.
Se puede aprender mucho de una boca cerrada.
Burla pesada, en veras acaba.
Mas mata la duda que el desengaño.
Si la palabra vale una moneda, el silencio vale dos.
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.
Del hombre arraigado no te verás vengado.
Cuñada y suegra, ni de barro buenas.
Buena Voluntad hace que el camino sea más corto.
Los encargos con dinero no se olvidan.
Busca arrepentimiento, el que busca casamiento.
Agua tardera, agua maicera.
Más mato la gula que la espada.
El melón y la mujer, difíciles son de entender.
Cosa hallada no es hurtada.
Muchas veces el que escarba lo que no querria entrada.
Reniego del necio que jode con la mujer del cuerdo.
La muerte todas las medidas vierte.
Bien hayan mis bienes, si remedian mis males.
Por la sotana del vicario sube la moza al campanario.
Necios y porfiados, hacen ricos a letrados.
Una pequeña piedra es a veces suficiente para volcar un gran carro
La mujer llora antes del matrimonio, el hombre después.
Aguja, sastre y dedal, os darán por medio real.
El que asierre yarumos, que aguante las hormigas.
Gran hidalguía y la despensa vacía.
El sabio no dice lo que sabe y el necio no sabe lo que dice.