Dichosos aquellos cuyos errores cubre la tierra.
Dar a luz rejuvenece, criar es lo que envejece.
Perdona el error, pero no lo olvides.
A veces el amor perfecto llega con el primer nieto.
Fianza y tutela, véalas yo en casa ajena.
No cogíamos en el fuego, y parió la abuela.
Boda, en igualdad, hasta en la edad.
Abad avariento, por un bodigo pierde ciento.
Niño malo no castigado, hácese más osado.
A llorar al cuartito.
Por San Blas, una hora más.
De pollos de labrador, líbranos, Señor.
Maldición, y pulgón, y potra, y sabañón, en tal compañón.
Llegar y besar el santo.
Mancebo me fui, y envejecí; más nunca al justo desamparado vi.
En el mes de San Juan, al sol se cuece el pan.
Alábate cesto, que venderte quiero.
Santo Tomé, ver y creer.
Donde buenamente quepa, plantador planta una cepa.
A caballo comedor, cabestro corto.
Mande quien pueda, y obedezca quien deba.
Calle mojada, caja cerrada.
Paciencia y barajar.
Amigo, te guardaré un higo pero como no te vi, me lo comí.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
Al que nace para martillo, del cielo le caen los clavos.
¿Quieres que te siga el can?, dale pan.
Jóvenes a la obra, viejos a la tumba! Manuel
De Dios hablar, y del mundo obrar.
Es amor mal entendido el que no corrige a un hijo.
Dale que le das; que importunando mucho, algo sacarás.
Dale las gracias al que te hace justicia porque no te hace injusticia.
Can que mucho ladra, ruin es para casa.
Palabra de cortesano, humo vano.
Hacienda de pluma, poco dura.
Dichoso el mes que entra con Todos los Santos y sale por San Andrés.
Pájaro y flor, en abril buscan su amor.
Buen palmito y buena altura, suerte son de estatura.
Contigo me entierren, que me entiendes.
El oficial hace la obra, y el maestro la cobra.
Dios está en todas partes.
Quien a dos amos sirve, siempre termina mal.
Honra merece el que a los suyos se parece.
No hay viejo sin dolor.
Viva y deje vivir, por favor, no moleste.
Cayendo el muerto y soltando el llanto.
Pies, ¿para qué os quiero?.
Buena ventura solo con otra dura.
Tantos trabajos y a la vejez andrajos.
El marido celoso nunca tiene reposo.