Enviar desde la lejanía a mil li plumas de ganso, por liviano que sea el regalo, encierra afecto profundo.
Armas y dineros buenas manos quieren.
Tu colmenar no catar, hasta no vendimiar.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
Padecer cochura por hermosura.
Viaje de luna de miel; ni es viaje, ni ves luna, ni es de miel.
Al viejo que se casa con mujer hermosa, o pronto el cuerno o pronto la losa.
Antes miente la madre al hijo que el hielo el granizo.
La verdad adorna la boca de quien la dice.
El que no habla, Dios lo hizo mudo.
No obstante madrugar tanto, amanece más temprano.
Quien dice lo que no siente, miente.
Por muy pequeña que sea, la mujer siempre le gana al diablo en astucia.
El que quita la ocasión, quita el peligro.
A la hija mala, dineros y casalla.
El hombre puede hacer mucho, pero la belleza más
De la mala mujer no te guíes y de la buena no te fíes.
Bueno es el amigo, querido el pariente, pero pobre tu bolsillo si dentro no hay nada.
Oídos que bien oyen, consejos encierran.
Dios pocas veces quiere obrar, sino cooperar.
Más trazas inventa en cinco minutos una mujer, que el Diablo en un mes.
La imprudencia abre la puerta, y la pereza la mantiene abierta.
Dios da las nueces, pero no las parte.
Ni tengo padre, ni madre, ni perro que me ladre.
Al que Dios ha de ayudar, sábele bien hallar.
Zurra y más zurra, hasta que la vara se quiebre o caiga la burra¡.
No le pido pan al hambre, ni chocolate a la muerte.
Burro suelto del amo se ríe.
A la vejez aladares de pez.
Mal se conciertan dos pobres en una puerta.
Donde hay juncos, agua hay junto.
El que quiera la fruta tendrá que trepar al árbol.
Fiado se murió, mala paga lo mató.
Tú que mientes, ¿qué dijiste para mientes?.
San Antón mete las mozas en un rincón y San Sebastián las saca a pasear.
No dejes que el ayer consuma demasiado tiempo del hoy
El diablo, harto de carne, se metió a fraile.
Dinero no falte, y trampa adelante.
Dios da frío según la ropa.
La verdad es como la rosa, siempre tiene espinas.
¿Por qué atizas?. Por gozar de la ceniza.
No hay largo que no se incline, ni enano que no se empine.
No digas no sin saber por qué no.
De fuera vendrá quien de casa me echará.
Dar santo y bueno, pero del pan del ajeno.
La mujer que se respeta, no muestra culo ni teta.
Comer fruta, hablar puta, leer carta, bien se puede hacer en la plaza.
Ni tan corto que no alcance, ni tan largo que se pase.
Ajo, ¿por qué no fuiste bueno?. Porque no me halló San Martín puesto.
El amor no quiere consejo.