Gran corsario es el tiempo, siempre llevando, siempre trayendo.
Aquí yace quien nació y murió, sin saber nunca para qué vivió.
No hay mayor pena que perder a una mujer buena.
No hay tu tía.
Mujer que al andar culea, bien se yo lo que desexa.
Conejo, perdiz o pato, venga al plato.
La mujer es como una sombra: no podrás atraparla, pero tampoco huir de ella.
Dicen que el hombre no es hombre hasta que no oye su nombre de labios de una mujer.
Hacienda de señores, cómenla los administradores.
La esperanza es como el azúcar en el té. Aunque es muy poca, todo lo endulza.
No confundas, jinete, el galopar del caballo con los latidos de tu propio corazón.
Hijo casado, vecino airado.
Marzo trae las hojas y noviembre las despoja.
Bien vivió quien bien se escondió.
Quedar como novia de pueblo (vestida y alborotada).
No se puede repicar y andar en la procesión.
No hagas trampa en que caigas.
Quien madruga halla en la fuente agua fresca y transparente.
Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos.
Encontré hoy, comeré hoy. Mañana? Bien... Dios es grande.
Con buena gente, trataré yo; con gentuza, no.
Ni juegues ni trates con mujeres y vivirás como quieres.
Casa, viña y potro, hágalo otro.
Quien una vez te engañó, no lo haga dos.
Menea la cola el can, no por ti sino por el pan.
El que todo lo quiere, todo lo pierde.
Nunca llueve hasta que Dios no quiere.
Al amanecer resbalos, y al anochecer charquies.
Alcalde tonto, sentencia pronto.
La casa sin mujer, es como la mesa sin pan.
Por un oído le entra y por otro le sale.
Acabó de matar a la gallina de los huevos de oro.
Más vale remiendo feo que agujero hermoso.
La alegría es el mundo de la libertad
Muerte deseada, vida prolongada.
Cuando veas al erizo comiendo madroños, entrado está el otoño.
A quien de bailar tiene gana, poco son le basta.
El que de veras quiere dar, no ofrece.
Al niño que llora le dan pecho.
El amor es el oficio de la mujer y la amistad el oficio del hombre
Esa es carne para los perros.
Mujer precavida vale por dos.
Tú no llevas vela en este entierro.
El crédito fue asesinado por los malos pagadores
La leche le dijo al vino: vente, amigo.
A mala suerte, envidia fuerte.
Para muerte repentina, mezclar trago y gasolina.
Casa que al amanecer no está abierta, es colmena muerta.
Enero, soy caballero, según lo encuentro, lo llevo.
No es la liebre de quien la mata, sino de quien la levanta.