Habla poco, anda grave y parecerá que sabes.
Alábate cesto, que venderte quiero.
Más vale dar que recibir, si te lo puedes permitir.
El hombre que no se equivoca no es humano.
Cada día, su pesar y su alegría.
El que esta abajo no tiene miedo de caer.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
Preferir ser jade en añicos antes que una teja entera.
Rebuzno de burro, no llega al cielo.
El que no se fía, no es de fiar.
A hombre jugador y a caballo correlón, ¡ay qué poco les dura el honor!.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
A la par, es negar y tarde dar. A la tercera va la vencida.
Si la vaca fuera honesta, cuernos no tendría el toro.
La mitad de nuestras equivocaciones nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos.
Bonitas palabras al más listo engañan.
Aleluya, aleluya, cada uno con la suya.
Quien no buscó amigos en la alegría, en la desgracia no los pida.
La salud es un tesoro, de más quilates que el oro.
El que parte y comparte, se queda con la mejor parte.
Tengo que aprender a caminar con tres patas dice la hiena cuando es vieja.
Del agua mansa se asombra el perro.
Juramento, juro y miento.
La belleza atrae, el talento retiene y el corazón sostiene.
El buen alimento cría entendimiento.
Aunque te veas en alto, no te empines, porque es condición de ruines.
A más servir, menos valer.
Con el callar, vencerás.
Un huésped constante nunca es bienvenido.
Cuando las mujeres hablan, el mundo calla.
Sirve de poco hacer mucho, pero no lo que se debe.
Una golondrina no hace verano, ni una sola virtud bienaventurado.
Del mal pagador, siquiera en pajas.
Si quieras que la gente se ría, cuenta tus penas María.
Si los deseos fueran caballos, los mendigos se desbocarían.
La casa es chica, pero el corazón es grande.
Si le dices tu secreto a una mujer, de dominio público ha de ser.
Da limosna, oye misa, y lo demás te lo tomas a risa.
No te alabes tanto si quieres llegar a santo.
Buenas palabras no hacen buen caldo.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
Comparte la carga y ésta será más ligera.
Las cosas no se arreglan con palabras elocuentes.
Panal de miel las palabras amables, dulzura para el alma y medicina para el cuerpo.
El que no enseña no vende.
La mujer que no dice que sí, no vale un maravedí.
El que no mira, suspira.
Al desdén con el desdén.
El que se queja, sus males aleja.
Ni fíes, ni porfíes, ni arriendes y vivirás bien entre las gentes.