De familia y trastos viejos, pocos y lejos.
Más vale un "por si acaso" que un "¡válgame Dios!".
Sacar las cosas de quicio, no se hace sin perjuicio.
No hagas hoy a nadie lo que no quisieras que te hicieran a ti mañana.
La diligencia nunca se quejo de la fortuna.
La ocasión cuando es propicia, tonto es quien la desperdicia.
A cautela, cautela y media.
El que ríe el último, ríe mejor.
Tal hora el corazón brama, aunque la lengua calla.
Por pedir, nada se pierde.
De pequeños principios resultan grandes fines.
La contradicción es la sal del pensamiento
El que vive de ilusiones muere de desengaños.
Cualquiera puede caer por descuido en el heroísmo
A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.
Quien su palabra no mantiene, a las consecuencias se atiene.
Confía en lo que ves
El mal encantador con la mano ajena saca la culebra.
Castígame mi madre, y yo trómposelas.
Tira en pleno Nilo al hombre afortunado, que volverá a salir con un pez en la boca.
No te fíes de la fortuna, mira que es como la luna.
Los necios hacen la fiesta, y los listos la celebran.
Si no sabes estar solo, nunca serás libre.
Me importa un bledo.
El que me hace más bien de lo que suele, o engañado me ha o engañarme quiere.
No te metas en pleito de marido y mujer, porque se arropan con la misma sabana.
La oveja lozana a la cabra la pide lana.
Quien virtudes siembra, fama siega.
La conciencia vale por cien testigos.
Fortuna te de Dios, que el saber poco te basta.
Un beso robado no se devuelve fácilmente.
Dimes y diretes, entre grandes y pequeñetes.
El amor y la nariz enrojecida no pueden ocultarse.
Mientras novia, reina; cuando mujer, sierva.
Callar y callemos, que los dos porque callar tenemos.
Cuando un hombre hace el tonto, siempre es por una mujer.
La ocasión asirla por el guedejón.
El buen hijo a su casa vuelve.
Quién retozó de soltera, no diga nada de la ajena.
Paciencia, cachaza y mala intención.
Más de un hombre amanece con el día que no verá morir.
La mujer virtuosa, corona es de su marido.
En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos.
¿Qué mayor delito que la pérdida de tiempo?
Otro día amanecerá y buen tiempo hará.
A la mal casada, déla Dios placer, que la bien casada no lo ha menester.
Ahora que tenemos tiempo, cuéntame un cuento.
Los defectos son como los olores: los nota más la persona de al lado que el que los lleva
Envidia me tengan y no me compadezcan.
El dinero no compra la felicidad.