El hijo sabio es la alegría de su padre; el hijo necio es el pesar de su madre.
Bien viene el don con la veinticuatría, y mal con la sastrería.
Ni para Dios, ni para el diablo.
Un deber fácil no es un deber
La manda del bueno no es de perder.
El que canta y danza se agita y no avanza.
Ningún hombre puede ser feliz si no se aprecia a sí mismo
El buen pan se hace con trigo, y con franqueza el amigo.
El que atiende a la corrección va camino a la vida; el que la rechaza se pierde.
Variante: Caridad y amor, no tocan tambor.
Quien invierte en cosa vana, pronto acaba con la lana.
Interés, cuánto vales.
Ni adobo sin ajo, ni campana sin badajo, ni viudita sin su majo.
Más vale pajarito en mano que pichón en el campo.
Al freír, será el reír y al pagar será el llorar.
Si te sobra el tiempo de joven, de viejo se te esconde.
Fue el hombre por maduro, y lo pusieron verde.
Es demasiado necio para ser loco.
A caballo regalado, no le mires el dentado.
Casa sin mujer no es lo que debe ser.
Ceño y enseño de mal hijo hace bueno.
Con agua de malvavisco, se cura hasta el obispo.
Vivirás dulce vida si refrenas tu ira.
Esto tiene más tiras que el calzoncillo de Jesucristo.
No da quien tiene, sino quien quiere.
Carne de cochino, pide vino.
Ni hombre sin vicio, ni comida sin desperdicio.
Caridad buena, la que empieza por mi casa y no por la ajena.
Una buena reputación es como un ciprés, que, una vez cortado, jamás da ya ramas.
A la mala costumbre córtale las piernas para que no avance.
Bueno de asar, duro de pelar.
Casada que va a fiestas, cuernos en cestas.
Quien no mira el derrotero, es majadero.
Nadie aprende por cabeza ajena.
Justo es el mal que viene, si lo busca el que lo tiene.
Poner toda la carne en el asador, no es lo mejor.
Mejor solo que mal acompañao.
Más logran las lágrimas que las palabras.
Reñir con quien da ocasión y jugar con quien tiene dinero en el bolsón.
No hay enemigo chico.
Placer para los curas: abrir cada día la sepultura.
De suerte contentos, uno de cientos.
El vientre lleno aunque sea de heno.
Lo tragado es lo seguro.
A quien le dan el pie, se toma la mano.
De lo que veas cree muy poco, de lo que te cuenten nada.
Como el ungüento blanco, que para todo sirve y para nada aprovecha.
La soledad no trae felicidad.
Por San Eugenio, la leña en el hogar y las ovejas a encerrar.
El que se va para Aguadilla pierde su silla. Y el que de Aguadilla viene su silla tiene.