Dios le da pañuelo a quien no sabe limpiarse.
Donde hubo un gran mal, queda señal.
El que dice verdades a medias, dice mentiras a puños.
Ni un dedo hace mano, ni una golondrina verano.
La mujer pare llorando, y la gallina cantando.
El hombre ladino, estando entre extraños no bebe vino.
Ni perro sin pulgas, ni pueblo sin putas.
En la casa que no hay de comer, todos lloran y saben porqué.
El que esperar puede, alcanza lo que quiere.
Sol de invierno y amor de puta, poco dura.
Lo más sabroso se alcanza, con Prudencia y con Constancia.
Un mal con un bien se apaga.
La mierda, bajo la nieve, no se ve.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
El pecado te acusa.
Palabra que retienes dentro de tí, es tu esclava; la que se te escapa, es tu señora.
Para decir que el toro viene, no es menester tantos arrempujones.
A golpe de mar, pecho sereno.
El vulgo es necio y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto.
Habiendo días enteros, no hay porqué coger medios.
Mientras vas y vienes, no falta gente por el camino.
El amor habla incluso con los labios cerrados
Si no hubiese tercos, no habría pleitos.
Del trabajo nace el descansar.
Se puede esconder el fuego, pero ¿Qué se hace con el humo?
A quien dices tu secreto, haces tu dueño.
Antes de meter, prometer.
Estudiante memorista, pozo a simple vista.
Estando el diablo ocioso, se metió a chismoso.
Madre dispuesta, hija vaga.
Pronto pasan al olvido los muertos y los idos.
El que da, no debe volver a acordarse, pero el que recibe, nunca debe olvidar.
Más cura el tiempo que soles y vientos.
Buenas palabras no cuestan cobre y valen más que plata.
No hay cosa más pesada que una deuda recordada.
Barba a barba, vergüenza se cata.
Quien abierta su arca deja, si le roban, ¿de quién se queja?.
¿Qué hemos de hacer?. Descansar y tornar a beber.
El trabajo duro purifica el espíritu.
La dama que es distinguida, por sí sólita se cuida.
Sombrerito nuevo tres días en estaca.
Uno trabajando y cuatro mirando, el caminos está arreglado.
Alábate cesto, que venderte quiero.
Galgo que muchas liebres levanta, ninguna mata.
Parientes y señor, sin ellos se está mejor.
Todo es nada lo de este mundo, si no se endereza al segundo.
La casa sin mujer, es como la mesa sin pan.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
Nadie sabe lo que tiene, si tiene quien lo mantiene.
A mucho porfiar, ¿quién se resiste?.