Nadie conoce la olla como el cucharón.
Refranes que no sean verdaderos, y Febreros que no sean locos, pocos.
Refranes y consejos todos son buenos.
Todo depende del color del cristal con que se mire.
Una vez al año, y ésa con daño.
Un gramo de discrección vale por un kilo de ingenio.
Un yerro, padre es de ciento.
A cada uno lo toca escoger, la cuchara con la que ha de comer.
Cada casa es un mundo, y cada cabeza una alcancía.
Cuando Dios dio púas al erizo, bien supo lo que hizo.
Donde la malicia sobra, falta el entendimiento.
El infortunio hace sabios y la buena fortuna , sandios.
Harto sabe quien sabe que no sabe.
La largueza y altruismo empiezan por uno mismo.
Los sordos no oyen, pero componen.
Más vale burro vivo que sabio muerto.
No es lo mismo predicar que dar ejemplo.
No hay peor error que el no reconocerlo.
Para bien hablar, antes bien pensar.
Sabe más el tonto en su casa que el listo en la ajena.
A barba, ni tapia, ni zarza.
A barco viejo, bordingas nuevas.
A bien se llega quien bien se aconseja.
A bloque, la casa en roque.
Abril, sácalo de cubil; y dijo la buena vieja: lo mío al cenojil.
Abriles y condes, los más traidores.
Abriles y jornaleros, pocos de buenos.
Abrojos, abren ojos.
A caballero nuevo, caballo viejo.
Variante: A caballo dado no se le ve (el) colmillo.
A cada cabeza, su seso.
A cada cajón, su aldabón.
A cada paje, su ropaje.
A calza corta, agujeta larga.
A cama chica, echarse en medio.
A cama pequeña, échate en medio.
A candil muerto, todo es prieto.
A capa vieja no dan oreja.
Acaso nuevo, consejero nuevo.
A causa perdida, mucha palabrería.
Acertar a la primera no se ve todos los días.
Acertar una y errar diez, mal acierto es.
A chico santo, gran vigilia.
A chillidos de cerdo, oídos de carnicero.
A consejo malo, campana de palo.
A "creique" y "penseque" los ahorcaron en Madrid.
A Cristo prendieron en el huerto porque allí se estuvo quieto.
A cualquier cosa llaman rosa.
A cualquier trapo con tirilla, le llaman camisa.
A cuenta de los gitanos hurtan muchos castellanos.