El buen vestido aumenta la hermosura, y la fealdad disimula.
Quien acecha por agujero, ve su duelo.
El más cristiano se alegra, si se le muere la suegra.
La hacienda bien ganada con afán se guarda.
Nadie está contento con su suerte.
A chico caudal, mala ganancia.
La virtud es de poco sueño.
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
Pobreza no es vileza.
La memoria de los justos es una bendición, pero la fama de los malvados será pasto de los gusanos.
Buena vida si refrenas tu ira.
Mujer que al andar culea, cartel en el culo lleva.
La ventura de la barca, la mocedad trabajada y a la vejez quemada.
Boda, en igualdad, hasta en la edad.
Guárdame de aquel en quien tengo puesta mi confianza, que de quien desconfío, me guardaré solo.
El silencio y la prudencia, mil bienes agencia.
Buey que muge, todos le temen.
Nada es bello excepto la verdad
El valiente vive hasta que el cobarde quiere.
Perder por probar al socio, nunca ha sido mal negocio.
Puta me veas y tú que lo seas.
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
Que cada cual se rasque con sus uñas.
Cada altar tiene su cruz.
A camas honradas, no hay puertas cerradas.
A barba muerta, obligación cubierta.
Beneficio recibido, dase muy luego al olvido.
A cada rey su trono.
Fraile convidado echa el paso largo.
Escarmentar en cabeza ajena es lección barata y buena.
Tal el hombre debe ser, como quiera parecer.
Con bondad se adquiere autoridad.
El inferior paga las culpas del superior.
Dios le da pañuelo a quien no sabe limpiarse.
Por el alabado dejé el conocido y vime arrepentido.
Nada se dice ni se hace bien en momentos de pasión.
A por uno voy, dos vengais, si venís tres, no os caigáis.
A quien se hace puntal los perros le orinan en el cuello.
Vísteme despacio que tengo prisa.
Ver un buey volar, a muchos necios oí afirmar.
Modesto obsequio que encierra gran afecto.
Más feliz que marica con dos culos.
Rico que ha sido pobre, corazón de cobre.
Buena es la costumbre en el bien.
No hay largo que no se incline, ni enano que no se empine.
Quien mucho se baja, el culo enseña.
Hasta el más santo tiene su espanto.
Para alcanzar dicha plena, nos toca perder la pena.
Quien comprar quiere la yegua o el burro antes la menosprecia.
Llanto de viuda, presto se enjuga.