Las leyes y las mujeres han sido hechas para violarlas.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
Nadie es culpable, hasta que no se demuestre lo contrario.
Confesión espontánea, indulgencia plena.
Al confesor y al abogado, no les tengas engañados.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
Cuanto más numerosos los abogados, más largo el proceso.
Ninguna ley va a servir, si no hay quien la haga cumplir.
Dinero de suegro, dinero de pleito.
Entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero.
Humildad y fiereza, todo en una pieza.
Nunca falta quien dé un duro para un apuro.
Casa ordenada, casa salvada.
La naturaleza tiene que obedecer a la necesidad.
La mujer del césar, no solo ha de ser honrada, sino que lo ha de parecer.
Las letras y la virtud, mocedad y senitud.
Quitada la causa se quita el pecado.
Los pecados de la juventud se pagan en la vejez.
Más honor que honores.
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
El daño hecho no tiene remedio.
Quien adama a la doncella, el alma trae en pena.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
El vino y la mujer, el juicio hacen perder.
El dar es honor; el pedir, dolor.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
La ley es como los perros: que solo muerde a los de ruana.
El que hace la ley, hace la trampa.
Las leyes implanta, quien más las quebranta.
En ningún apostolado falta un judas.
Las penas, o acaban, o se acaban.
Lisonja hostiga, nobleza obliga.
Mientras Dios diere mujeres conviene que haya paciencia.
Donde haya legisladores, no faltarán los infractores.
A quien le roba al ladrón, le concede Dios perdón.
Ni poca ni mucha pena, nos causa desgracia ajena.
El silencio y la prudencia, mil bienes agencia.
Entre hermano y hermano, dos testigos y un escribano.
Hecha la ley, hecha la trampa.
Dios perdona siempre, los humanos a veces, la naturaleza nunca.
Más vale juzgar entre enemigos que entre amigos.
A cada cosa le llega su tiempo.
Donde hay dolencia, haya paciencia.
La causa no justifica el motivo.
Injuriada la paciencia, a veces en ira quiebra.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
Cuando pudieres trabajar, no lo dejes, aunque no te den lo que mereces.
El padre para castigar y la madre para tapar.
A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.
Confianza, en Dios y en que sea gruesa la tabla.