Al confesor y al abogado, no les tengas engañados.
Análisis y Reflexiones
🧠 Interpretación Profunda
Este proverbio advierte sobre la importancia de ser completamente honesto con dos figuras profesionales clave: el confesor (en el ámbito religioso) y el abogado (en el ámbito legal). La razón es que su capacidad para ayudarnos depende directamente de que conozcan toda la verdad, sin omisiones ni engaños. Al confesor se le dice la verdad para recibir una absolución válida y un consejo espiritual acertado; al abogado, para que pueda construir la mejor defensa o estrategia legal. Engañarlos es, en esencia, perjudicarse a uno mismo, ya que su guía se basará en información falsa o incompleta.
💡 Aplicación Práctica
- En un proceso legal, ocultar detalles comprometedores al abogado defensor puede llevar a que este sea sorprendido en el juicio y no pueda preparar una defensa adecuada, perjudicando gravemente al cliente.
- En la confesión sacramental católica, no mencionar un pecado grave deliberadamente invalida la confesión y la absolución, manteniendo al creyente en un estado de falta espiritual según esa doctrina.
- Al consultar con un asesor financiero o médico, aplicar el mismo principio: ocultar información sobre deudas, hábitos o síntomas puede llevar a recomendaciones erróneas con consecuencias graves.
📜 Contexto Cultural
El refrán tiene raíces en la cultura española e hispanoamericana, donde la institución de la confesión católica y la figura del letrado han tenido un peso histórico y social enorme. Surge de la sabiduría popular que reconoce la necesidad de transparencia absoluta en relaciones basadas en la confianza y el secreto profesional, pilares tanto del sacramento de la confesión como de la abogacía.