La red justiciera tendida por los cielos es omnipresente, y sus mallas, aunque ralas, no dejan escapar a nadie.
El salario del justo es la vida; la ganancia del malvado es el pecado.
Quien vengarse quiere, calle y espere.
Jurado tiene el espejo no hacer bonito lo feo, ni joven lo viejo.
Consejo es de sabios perdonar injurias y olvidar agravios.
Obediencia es noble ciencia.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
Jurado ha el espejo no hacer lo blanco negro.
El que presta, a pedir se atiene.
O bien o mal, va a lo suyo cada cual.
El cliente siempre tiene la razón.
Humildad y paciencia, ambas van por una senda.
Mal hace quien no hace bien, aunque no haga mal.
La paciencia es el mejor escudo contra las afrentas.
Nunca ocultes nada al sacerdote, al médico y al abogado.
Admisión de delito, relevo de prueba.
Dos buenos amigos en pleito acabaron, y cagajón para los abogados y el escribano.
La belleza y la verdad, las dos caras de la realidad.
Fianza y tutela, véalas yo en casa ajena.
Confiesa el delito el que huye del juicio.
No te metas en querellas ajenas.
Dar consejo es virtud de segundo orden.
Igual con igual va bien cada cual.
El que dice la verdad, ni peca ni miente.
Nada es virtud ni pecado, mientras no sea divulgado.
Donde hay duda hay libertad.
El pleito claro no necesita abogado.
Honra merece el que a los suyos se parece.
Dios perdona a quien su culpa llora.
El trabajo no deshonra, dignifica.
El que la deba, que la pague.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
Tu médico sea cristiano, y tu abogado pagano.
La mujer tiene derecho, si se mantiene en su techo.
Sabiduría probada, no dársele a uno para nada.
La ley de Dios no come trampa.
A buena fe y sin mal engaño, para mi quiero el provecho y para ti el daño.
Pajarico que escucha el reclamo, escucha su daño.
Dios escribe derecho, por renglones torcidos.
A bien obrar, bien pagar.
La nobleza del señor hace bueno al servidor.
Si haces mal, pecado mortal; pero si haces bien, pecado también.
Confesión hecha, penitencia espera.
Procure ser en todo lo posible el que ha de reprender irreprensible.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
Más vale onza de prudencia, que arroba de ciencia.
Honor a quien honor merece.
La prudencia es la fuerza de los débiles.
Es virtud el trabajar, como también el guardar.