De pico tenía mi abuelo un jarro, se cayó y se quedó chato.
Dar antes que amagar.
La casa sin mujer, es como la mesa sin pan.
El diablo no sabe por diablo, sino por viejo.
Lo que hace tu mano derecha que no lo sepa tu izquierda.
Más vale poco pecar que mucho confesar.
Quien no arriesga nada, ni pierde ni gana.
A gusto de los cocineros comen los frailes.
Uno tiene la fama, y otro lava la lana.
Para los Santos, nieves en los cantos.
Después del crepúsculo, los gusanos de luz piensan: ¡nosotros hemos iluminado el mundo!.
Agua, en jarro; y vino, en cántaro.
De tu dinero, no hagas a nadie cajero.
Formó una tormenta en un vaso de agua.
Puede suceder algo imprevisto de un momento a otro.
En tu casa, hasta el culo descansa.
Chica es la aguja, y se halla si bien se busca.
El amor y el niño, donde les muestran cariño.
Músico pagado no hace buen son.
La barba no hace al filósofo
El danzante tiene cuatro chiquitillos y todos son danzantillos.
Adonde hay más. Adonde no está su dueño, allí está su duelo.
No ofende quien quiere sino quien puede.
El que al amigo desea gran prosperidad, desea se deshaga la amistad.
El saco del jugador, no necesita atador.
Poco se gana hilando pero menos mirando.
No seas amigo de los necios.
Al que huye del trabajo, el trabajo le persigue.
Dar gusto da gusto.
Quien predica en desierto pierde el sermón, y quien lava la cabeza del asno pierde el jabón.
La rana en el fondo del charco no sabe nada del gran Océano.
Ni cabalgues en potro, ni alabes tu mujer a otro.
Cabeza grande y gran cabeza, son dos cosas muy diferentes.
A los pendejos ni Dios los quiere.
A cada cual dé Dios el frío como ande vestido.
Los molinos de los Dioses muelen despacito, pero muy finito.
Al que nunca bebe vino no le fíes ni un comino.
Jugar con fuego es peligroso juego.
Malo es quien es bueno por interés.
Unos tanto y otros tan poco.
No bebas agua; que te emplazarán los bueyes.
El gusto se rompe en géneros.
En San Antonio cada pollita pone huevo
El que te presta oídos es porque también quiere hablar.
Si da el cántaro en la piedra, o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro.
Vieja verde caprichosa, ni fue buena madre ni buena esposa.
Ama a quien te ama y contesta al que te llama
Hay gente tan lista que se pierde de vista.
Aquel a quien mil dedos acusadores señalan, muere sin estar enfermo.
Olivo, oliva y aceituno, todo es uno.