Ahogarse hasta en un vaso de agua.
No porque ande pa delante, deja de ser ignorante.
Armas y dineros quieren buen dueño.
Buen esfuerzo vence a la mala ventura.
Cinco dedos en una mano, a las veces hacen provecho y a las veces hacen daño.
Guárdate de la furia de una mujer despechada.
Una lágrima puede decir más que un llanto.
Molino parado no gana maquila.
O errar o quitar el banco.
El chocolate excelente, para poderse beber, tres cosas ha menester: espeso, dulce y caliente.
Sabio es quien poco habla y mucho calla.
Recibido ya el daño, a tapar el caño.
Dios acude siempre.
Ni comer sin beber, ni firmar sin leer.
De mi maíz ni un grano.
El dinero del mezquino anda dos veces el camino.
Con zapato muy justo, nadie anda a gusto.
No te fíes de la fortuna, mira que es como la luna.
El que con su barriga se enoja, la tripa le queda floja.
Come a gusto y placentero, y que ayune tu heredero.
Más querría servir que recibir.
O se tira de la cuerda para todos, o para ninguno.
La hija de la puta, como es criada, y la estopa, como es hilada.
También la vaca negra produce leche blanca.
De abrigado a nadie vi morir, de desabrigado sí.
En tiempos de lluvia se requiere algo más que un gabán.
Ninguno se embriaga del vino de casa.
No quieras nunca buenos comienzos.
Venía como muela del juicio, picado y hasta atrás.
El miedo no anda en burro.
Tanto fue el cántaro a la fuente hasta que por fin se rompió.
La mujer rogada y la olla reposada.
No es por el huevo, sino por el fuero.
Chica centella gran fuego engendra.
Cada cual a su manera, se combate la piojera.
Mala olla y buen testamento.
Nadie da palos de balde.
Oídos que bien oyen, consejos encierran.
Tempero de San Miguel, guárdete Dios de él.
Buenas cuentas, conservan amistades.
Por la peana se adora al santo.
Sombrerito nuevo tres días en estaca.
Te lo digo a ti, mi nuera; entiendelo ti mi suegra.
Comer sin vino es miseria o desatino.
Aún está la pelota en el tejado.
La mujer ha de saber, primero puta que buena mujer.
Para los Santos, nieves en los cantos.
Lo que hace tu mano derecha que no lo sepa tu izquierda.
De pico tenía mi abuelo un jarro, se cayó y se quedó chato.
Dice Salomón: da vino a los que tienen amargo el corazón.