¡Cuántas te tendrán envidia!.
A malos ratos, buenos tragos.
Recibir es mala liga, que el que toma a dar se obliga.
Más peligroso que una puñalada al hígado.
Al que dice la verdad le ahorcan.
A quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones.
Amigo insincero, hago cuenta que perdí, de mi mula el sudadero.
Tal para cual.
A la lumbre y al fraile, no hurgarle; porque la lumbre se apaga y el fraile arde.
El sueño es hermano de la muerte.
Hay que poner las cartas sobre la mesa.
Para que la cruz vaya a mi casa, que vaya a la ajena.
Ricos, pobres, flacos, gordos, todos mordemos el polvo.
El yerro encelado, medio perdonado.
Los rusos no temen a la cruz pero si al garrote.
Quien a uno castiga a ciento hostiga.
Una deuda, veinte engendra.
El dinero es buen servidor, pero como amo, no lo hay peor.
Dios te guarde de hombre que no habla y de can que no calla.
Dios da bragas a quien no tiene culo.
El que quiera honra, que la gane.
Aire colado, a muchos ha matado.
El bien que se venga a pesar de Menga, y si se viene el mal, sea para la manceba del abad.
La desgracia también visita a los ricos, pero a los pobres lo hace dos veces.
Cada uno trate de su oficio y deje el del vecino.
La venganza es repudiable, pero tiene algo agradable.
En chica casa y en largo camino se conoce al amigo.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
De valientes y tragones, están llenos los panteones.
El aburrimiento es una desgracia
Casamiento y señorío, ni quieren fuerza ni quieren brío.
El cobarde vive, el valiente muere.
Entre la cuna y la sepultura no hay cosa segura.
Recibir mal por bien, todos los días se ve.
Con tontos, ni a coger hongos.
Amor, tos, humo y dinero no se pueden encubrir mucho tiempo.
El infierno está lleno de buenas intenciones y el cielo de buenas obras.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Del bien al mal, no hay ni el canto de un real.
Entre los seres que odian, deberemos vivir sin odio.
Más discurre un enamorado que cien abogados.
A la virtud, menester hace espaldas.
A putas y ladrones nunca faltan devociones.
Emborrachar la perdíz
Lentejas,comida para viejas, quien quiere las come y quien no las deja.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
La amistad entre los hombres que se estiman es como la luna nueva que crece a medida que pasan las noches
El viejo por no poder y el mozo por no saber, dejan las cosas perder.
Los celos son el amor propio de la carne
La ambición mató al ratón.