Al amanecer resbalos, y al anochecer charquies.
Estoy como gallo en corral ajeno
Al vino y a la mujer, por el culo a poder ser.
Antes muerte que vergüenza.
Una lechuza, bienestar donde se posa y malestar donde canta.
Árbol que fruto no da, solo es bueno para el llorar.
Por los cuernos se agarra el toro.
Una uva a ratitos, abre el apetito.
El que ama el peligro, en él perece.
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
Mal de locura, solo la muerte cura.
El mal que a muchos azota, consuelo es para el idiota.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
Esperar salud en muerte ajena es condena.
Lana y no algodón, para el frío y el calor.
El hombre por las buenas entra hasta en el infierno, por las malas ni al cielo.
La ira de los que aman, en hacerse caricias para.
La mano, al pecho; y la pierna, en el lecho.
Trabajar es virtud; pero trabaja tú.
¡Mira que dicha, perder el asno y encontrar la cincha!.
A Dios rogando y con el mazo dando.
Vale más buena cara que un montón de halagos
Malo es pecar, y diabólico perseverar.
Que tengas calor en tu iglú, petróleo en tu lámpara y paz en tu corazón.
Dios nos da nueces, pero no las casca.
Favor con favor se paga
Del mal que el hombre teme, de ése casi siempre muere.
Tú vas a Roma a buscar lo que tienes a tu umbral.
Puta la madre, puta la hija y puta la manta que las cobija.
Si quieres agrandar los campos de la felicidad, comienza por nivelar tu corazón.
El llanto sobre el difunto.
Cuida tu cerebro que tu cerebro cuidará de ti.
Mujer hermosa y buena espada, de muchos son codiciados.
La necesidad es la madre de la imaginación.
Quién escucha la voz del anciano es como un árbol fuerte; quién tapa los oidos es como una rama al viento.
La muerte todas las cosas iguala.
El demonio y las mujeres siempre se entretienen.
La vida es la novia de la muerte.
El corazón humano se asemeja al barco que navega sin vela. Rara vez, frente a los vientos, encuentra su camino
El buey, arando en la loma, trabaja para que otro coma.
El cordero manso mama a su madre y a cualquiera; el bravo ni a la suya ni a la ajena.
El corazón de un niño: espera lo que desea.
Compañía no engañosa, yo y mi sombra.
Agarra al toro por los cuernos, al hombre por la palabra.
Por la peana se adora al santo.
A la vejez aladares de pez.
El que de amarillo se viste a su hermosura se atiene.
A mocedad viciosa, vejez penosa.
Hurtar para dar a Dios, solo el deminio lo aconsejó.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.