Agua que a algo huele o a algo sabe, otro la trague.
Hiérese el cuerdo, porque no se ahorque el necio.
En los nidos de antaño, no hay pájaros de hogaño.
Guardólo Dios de piedra y niebla, más no de puta vieja.
A buen entendedor, pocas palabras bastan.
Indio que va a la ciudad, vuelve criollo a la heredad.
El que no habla, Dios lo hizo mudo.
Tamal que es de manteca en las hojas se conoce.
Quien dijo miedo, detrás de un palo.
Aguja en pajar, mala es de hallar.
La mujer sabía edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.
Si quieres tener la tusa, persigue bien la merusa.
¡En San Antonio, rayos y truenos!
Hablar por la boca del ganso.
Hombre sabio, de sayas no hace caso.
Mujer de lengua certa, mujer refranes.
¿De dónde eres, hombre?. De la aldea de mi mujer.
No hagas hoy a nadie lo que no quisieras que te hicieran a ti mañana.
Hablando a largo plazo muertos estamos todos.
Es de bien nacido ser agradecido
Nieves en la tierra, abundancia en la vega.
Al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.
Aquel es hombre, que corresponde al nombre.
Al que le gusta el chicharron, con ver el coche suspira.
A quien duerme, duérmele la hacienda.
Yo que callo, piedras apaño.
Ver un buey volar, a muchos necios oí afirmar.
Paloma que vuela . . . a la cazuela.
Sabios conocí; sabios para los otros y necios para mí.
En el llano como quiere el amo, en la cuesta como quiere la bestias.
Tal vez mis hijos vivirán en casas de piedra y ciudades amuralladas - Yo no
Come bien, bebe mejor, mea claro, pee fuerte y cágate en la muerte.
Panal de miel las palabras amables, dulzura para el alma y medicina para el cuerpo.
Una palabra deja caer una casa.
Cuando habla uno solo, todos escuchan, pero si hablan todos a la vez ¿quién escucha? Proverbio abisinio.
Entre pitos y flautas.
Los profetas y adivinos, embaucan a los cretinos.
A mamar, todos nacen sabiendo.
Cuando bebas agua, recuerda la fuente.
Pasado mañana, mañana será ayer.
De Gumiel de Izán, ni hombres ni pan.
La suerte es de los audaces.
Por Santa Catalina mata la cochina, por San Andrés, mata tu res; y si no tienes qué matar, mata a tu mujer.
A quien no habla, no le oye Dios.
Quien habla en voz alta, piensa poco.
Mi casa, mi mesa, y mi mujer, todo mi mundo es.
Hasta verlo en la era, llámalo hierba.
Alábate, mierda, que el río te lleva.
Niebla en la Montaña, labrador a tu cabaña.
El que afloja tiene de indio.