La envidia, dice el autor, es martillo destructor.
Da limosna, oye misa, y lo demás te lo tomas a risa.
¿Cómo ha de actuar mi corazón? ¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra?
Más linda que una azucena, más limpia que una patena.
Hagas lo que hagas, no te olvides de las bragas.
Amigo, amigo, llamalé conocido, y va bien servido.
En ningún apostolado falta un judas.
Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
El tiempo no perdona a nadie.
Bien haya quien a los suyos se parece.
El mal del cornudo, él no lo sabe y sábelo todo el mundo.
Asno de dos, válgale Dios.
La hermosura es flor de un día, hoy no luce, ayer lucía.
El que tiene buenos padrinos, no se cae dentro de la pila.
Matad el hambre, y no deis lugar que la hartura os mate.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Díjome mi madre que porfiase, pero que no apostase.
No es lo mismo hablar con el torno que con las monjas.
Cuesta arriba o cuesta abajo, echa siempre por el atajo.
Hay que masticar las palabras más que un pedazo de pan.
A escote, no hay nada caro.
No hay sustituto para la experiencia.
Al marido, amarle como amigo, y temerle como enemigo.
Bailar sin son, o es estar loco, o enorme afición.
De puta vieja y de tabernero nuevo, guárdenos Dios.
Años y desengaños hacen a los hombres huraños.
Cada uno habla de la feria, según le va en ella.
Cada uno halla horma de su zapato.
Tápate la cara que se te ve el culo.
Las palabras son las palabras, pero es el dinero el que adquiere tierras.
El corazón humano es difícil de palpar, como la molleja del pato es difícil de pelar.
A chico caudal, mala ganancia.
Muchos respetan el poder del rey, todos respetan el poder de la espada
Antes con buenos hurtar que con malos rezar.
Deseando bienes y aguantando males, pasan la vida los mortales.
Con ladrones y gatos, pocos tratos.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
De chicos es el temer y de grandes el atrever.
Tres españoles, cuatro opiniones.
Buscando lo mejor suele desaprovecharse lo bueno.
El corazón manda en los ojos, y les hace trampantojos.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino.
Quien con lobos anda a aullar se enseña.
La mayor ventura, menos dura.
Cuerpo sano, mente sana.
Casarse bajo el palo de la escoba
Ni el tiempo ni la marea esperan por nadie.
El camino del Señor es refugio de los justos y ruina de los malhechores.
No confundas, jinete, el galopar del caballo con los latidos de tu propio corazón.