Antes de hablar, pensar.
Me enseña a ser bueno el que me hace un bien.
Aquel que ha hecho una puerta y un cerrojo, también ha hecho una llave.
Los pecados son cadena, unos eslabones a otros se agregan.
El clavo que sobresale siempre recibe un martillazo.
¿Queres dormir al sueño?
Si tu mano se cubre de grasa apóyala sobre tus mejores amigos
El amigo, lo escojo yo, el pariente, no.
La amiga y la espada antes dada que prestada.
Entre dos amigos, un notario y dos testigos.
A barriga llena, corazón contento.
Calienta más el amor que mil fuegos
De tal palo tal astilla.
El amor y el vino sacan al hombre de tino.
Al que fortuna lo viste, fortuna le desnuda.
Muero el Rey y el Papa y el que no tiene capa.
Lavarse las manos, como Pilatos.
Tres personas con las que nunca deberías hacer negocios: La demasiado impaciente, la demasiado ambiciosa y la demasiado desesperada.
El sexo nos hace perder la cabeza
Hay que dar para recibir.
Hace buena cuenta quien con lo suyo se contenta.
Guarda y ten, y te vendrán a ver.
El sabio calla, el tonto otorga.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.
La sagre es más espesa que el agua.
Avanza, avanza; que la juventud no se cansa!
Los toros van con los toros, los bueyes con los bueyes
Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.
Haz el bien y olvídalo.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
¡En San Antonio, rayos y truenos!
Ama a quien no te ama, responde a quien no te llama, andarás carrera vana.
Todo lo que me gusta es pecado o engorda.
Quien te quiere, te aporrea.
Nunca des consejo sin que lo pidan.
No desesperes: de las nubes más negras cae un agua que es limpia y fecunda.
Al comerte una fruta piensa en aquel que plantó el árbol.
Piensa que vengo de arriar jutes con pistola
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Nada más que me enderece dijo el jorobado.
Quien no se cansa, su ideal alcanza.
El cliente siempre tiene la razón.
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.
El que no corre, vuela.
Llevad vos, marido, la artesa, que yo llevaré el cedazo que pesa como el diablo.
La felicidad no reside en las cosas sino en el hombre
La avaricia, lo mismo que la prodigalidad, reducen a un hombre al último mendrugo.
El que no te conozca, que te compre.
Alabanza propia, mentira clara.
La constancia es la mayor de las quimeras del amor