La oveja mansa, se mama su teta y la ajena.
Araña de día, carta o alegría.
Del agua mansa te guarda; que la brava hace su ruido y pasa.
Arco iris al amanecer, agua antes del anochecer.
Reniego del amigo que me encubre el peligro.
Con los curas a oscuras nunca te quedes, que aunque llevan refajos no son mujeres.
El que de Santo resbala hasta demonio no para.
Donde reina la mujer, el diablo es primer ministro.
Le tiene miedo como el diablo a la cruz.
Cuando fueres yunque, sufre como yunque, cuando fueres mazo, pega.
Si tu dicha callaras, tu vecino no te envidiara.
La envidia es una mala consejera.
Riqueza trabajosa en ganar, medrosa en poseer, llorosa en dejar.
Delante hago acato y por detrás al rey mato.
La sardina y la golondrina, al calor de la ceniza.
Dios me guarde de mis amigos, que de mis enemigos ya me cuido yo.
Cuando en el cielo oscuro hay ventanas, de llover no hay ganas.
La mucha tristeza sueño acarrea.
El que se queja, sus males aleja.
Siempre habla quien menos puede.
Cuando llega la noche, el miedo se tiende a la puerta, y cuando llega el día, se marcha a las colinas.
De los enemigos los menos.
La cascara guarda el palo.
Cada pleito lleva cuatro almas al infierno.
Casa con una sola puerta, el amo alerta.
El solo querer es medio poder.
Con mala persona el remedio es mucha tierra en medio.
Algo tiene la fea, por donde el galán la desea.
Bestia que no es tonta, sabe quien la monta.
Jugador hasta perder los kiries de la letanía.
Lo que se pierde a la salida del sol se recupera a su puesta.
Quien envidioso vive, desesperado muere.
El que teme a sufrir, sufre de temor.
El que no tiene amigos, tema a los enemigos.
¡Largue el gallo que es de las ánimas!.
Amor con celos, causa desvelos.
Con el callar, vencerás.
A gato viejo, rata tierna.
Los muros ensordecidos, a veces tienen oídos.
Hábito malo, tarde es dejarlo.
Más vale amenaza de necio, que abrazo de traidor.
Pase mayo, y pase pardo.
Quien bien imagina, llámese adivina.
Saber y no recordar, es lo mismo que ignorar.
Bondad con hermosura, poco dura.
En la tierra de los ciegos, se disputaban la corona un bizco y un tuerto.
Ni poca ni mucha pena, nos causa desgracia ajena.
Apaga la luz, Mañosón!
Al que le falta ventura, la vida le sobra.
Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.