Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
Alguacil que no es sutil, no sirve para alguacil.
En casa del bueno, el ruin tras el fuego.
De la perdiz, lo que mira al suelo; del conejo, lo que mira al cielo.
De dineros y bondad o, calidad, quita siempre la mitad.
Dádiva de ruin, a su dueño parece.
Clérigos y cuervos, huélganse con los muertos.
Para amigo, cualquiera; para enemigo, quien quiera.
A la noche, arreboles, a la mañana habrá soles.
Cuidado, que el diablo es puerco.
Con el diablo se aconseja quien mete aguja para sacar reja.
El dormir es el hermano menor de la muerte.
El que no agradece, al diablo se parece.
El que no cumple su palabra al fin su desdicha labra.
A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
Quien mal padece, mal parece.
El mal entra como loco, y sale poco a poco.
De mala sangre, malas morcillas.
La mujer es fuego; el hombre, estopa; viene el diablo y sopla.
Cuando otro sufre, es madera que sufre.
De cornudo o de asombrado, pocos han escapado.
De broma en broma, la verdad se asoma.
Enemigos grandes: vergüenza y hambres.
El miedo guarda la viña, que no el viñadero.
Susto meado mejor que sangrado.
El sucio quiere ensuciar al otro.
A quien mucho tememos, muerto le queremos.
Voz que se escapa no vuelve y quizás tu ruina envuelve.
Al endeble todos se le atreven.
El peligro que no se teme, más presto viene.
El hombre discreto saca mayores ventajas de sus enemigos que un tonto de sus amigos.
Casa de mantener, castillo de defender.
Dios da la harina y el Diablo la maquila.
Fantasía tras fantasía, y la barriga vacía.
Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
Junta de lobos, muerte de ovejas.
Cielo borreguero, vendaval o agua del cielo.
Paso de oso, diente de lobo y de vez en cuando hacerse el bobo.
Más puede Dios solo que los diablos todos.
Cuando un ruin se va, dos vienen en su lugar.
A tu enemigo fallecido, perdón y olvido.
A muchos debe de temer aquel a quien muchos temen.
Amigo tarambana, el que lo pierde, gana.
El que canta, sus males espanta.
Haz el mal y guárdate.
Quien guarda halla, si la guarda no es mala.
El melón por la mañana, oro; por la tarde, plata; por la noche, mata.
A quien no la teme, nada le espanta.
La corneta, lo mismo toca a diana que retreta.
Cuando un sábado al anochecer veas nubes pardas, al otro día domingo.