Comed bueno, cagad fuerte, que pronto vendrá la muerte.
Calva buena, luna llena.
Chimenea nueva blanca unos días, y al cabo negra.
Hay tres cosas que no se pueden ocultar: el humo, el amor y un camellero con su camello por el desierto.
Orgullo, riqueza y hermosura son nada en la sepultura.
Malo es esperar bien de muerte ajena.
Cuenta por bienes los males que no tienes.
Lo optimo es enemigo de lo mejor.
Llora tus penas y deja las ajenas.
Esperar salud en muerte ajena es condena.
Es un loco quien su mal achaca a otro.
A gordo mendigo pocos dan zatico.
Más vale el humo de mi casa que el fuego de la ajena.
Del que jura, teme la impostura.
El enemigo es grande si se lo ve de rodillas.
A carne de lobo diente de perro.
De la esperanza vive el cautivo.
Casa convidada, pobre y denostada.
Ocasión y tentación, madre e hija son.
La sátira Solo ofende, a la gente que la entiende.
Esperanza que consuela, que no muera.
El juego y la muerte, en no distinguir categorías se parecen.
El hombre es fuego, la mujer estopa, viene el diablo y sopla.
Ya muerta la burra, vino la albarda.
Por mucho madrugar, aparecen las ojeras.
Dios te guarde de odioso señor y de compañía de traidor.
Mirad vuestros duelos y dejad los ajenos.
Árbol que no da frutos, pide sustituto.
El vencido, vencido, y el vencedor, perdido.
Fondo salido, novio perdido ó solicito marido.
Veinte con sesenta, o sepultura o cornamenta.
A palabra necias, oídos sordos.
Más puede Dios que el diablo.
El padre para castigar y la madre para tapar.
Amistad del poderoso, sol de invierno y amor de mujer, duraderos no pueden ser.
Tienes en casa al muerto y vas a llorar el ajeno.
Fantasía y pobreza, todo en una pieza.
Estudiante memorista, pozo a simple vista.
Da tus cuentas justas, porque la última, asusta.
Buena mula, mala bestia.
Parecerse como un huevo a una castaña.
Intimidades, solo en las mocedades.
Al desagradecido, desprecio y olvido.
No te fíes de la fortuna, mira que es como la luna.
Las armas, el Diablo las carga.
Al enemigo honrado, antes muerto que afrentado.
Para el bien, de peña; para el mal, de cera.
Decir, me pesó; callar, no.
El ocioso e incapaz, carga es para los demás.
Ni hermosa que mate, ni fea que espante.