El amor deja ver las rosas y no las espinas
No empeñes las prendas, mejor que las vendas.
No vallas por el exterior, eso te podria engañar.
Más mueren de hartos que de faltos.
Abril, aguas mil y todas caben en un barril.
Del mirar nace el amar y del no ver el olvidar.
El amor es una hierba espontánea
El buen hijo vuelve a casa y cuenta lo que le pasa.
Del ahogado, el sombrero.
Salir junto con pegado.
Al hombre valiente, espada corta.
La peor pobreza es tener deudas.
El agua corre, la arena queda; el dinero va, la bolsa queda; el hombre muere, el nombre queda.
Los refranes y los dichos viejos son solo para pendejos.
El hombre se casa cuando quiere y la mujer cuando puede.
Puta me veas y tú que lo seas.
El borriquito delante, para que no se espante.
Si te cansas de un amigo, préstale dinero.
Quien da parte de sus cohechos, de sus tuertos hace derechos.
El que monta un negocio y no es pesetero, pronto pierde su dinero.
Mucho ojo, que la vista erro.
El remiendo, bueno o malo, ha de ser del mismo paño.
Fuego sin humo puede haber; pero humo sin fuego no puede ser.
A quien bien te quiere, visítale poco, para que te desee.
Calva buena, luna llena.
Anhela algo por suficiente tiempo,y ya no lo querrás.
Nadie se apresura para pagar y si todos para cobrar.
No hay cuna que más apriete que la del mismo palo.
Gozarse en el mal ajeno, no es de hombre bueno.
Vino puro y ajo crudo, hacen andar al mozo agudo.
Tiempo pasado siempre es deseado.
El amor del cobarde hace hombre para alarde.
No le pidas peras al olmo.
Sirve de poco hacer mucho, pero no lo que se debe.
Para cruzar un río y dar dinero, nunca seas el primero.
Estoy más salado que la bragueta de un pescador.
El solo olor de un buen frito, no nos sacia el apetito.
Hacer de un camino, dos mandados.
El viento y la marea no esperan a nadie.
El que vive de prestado, algún día es encuerado.
Hombre avisado, medio salvado
Si amas a alguien, déjalo libre.
Más vale hasta el tobillo que hasta el colodrillo.
Odios de mortales no deben ser inmortales.
El que a solas se ríe de sus picardías se acuerda.
Donde muchos mandan y ninguno obedece, todo fenece.
Lo que se dice en la mesa debe ser envuelto en el mantel.
Tirar la casa por la ventana.
Cuando todo está perdido, aún queda la esperanza.
A cada puerta, su dueña.