Sabemos del otoño cuando la hoja llega al moño.
Una persona que se cambia de ropa siempre se oculta mientras se está cambiando.
En casa del pobre, ni vino ni odre.
Le vale mucho más al cuerdo la regla, que al necio la renta.
Nadie diga mal del día hasta que sea pasado y la noche venida.
Amistad que dice no, amistad que se perdió.
De las aguas mansas, líbrame Dios mío.
Ni reprender ausentes, ni adular presentes.
Oír campanas y no saber dónde.
Tu casa puede sustituir al mundo; el mundo jamás sustituirá a tu casa.
A donde no está el dueño, no está su duelo.
Prestar, paciencia; dar los buenos días; y fiar; en Dios.
Machete cuto, estáte en tu vaina que nada te pasará.
Dios acude siempre a la mayor necesidad.
La pobreza hace ladrones y el amor poetas.
A más edad, más conocemos del mundo la falsedad
La Cruz, la viña reluz.
Abogadito nuevo, perdido el pleito.
De molinero cambiarás, pero de báscula no pasarás.
Tres días hay en el año que se llena bien la panza: el santo, el cumpleaños y el día de la matanza.
Más vale copa en mano que bodega en retrato.
Cada casa es un mundo, y cada cabeza una alcancía.
En casa con hombres y sin vino, todo anda mohíno.
Con el tiempo un ratón rompe una gúmena
Abundancia y soberbia andan en pareja.
Puedes darle un consejo a alguien, pero no puedes obigarlo que lo siga.
El temor de la guerra madura en cualquier tierra
Resbalon y tropezon, avisos de caída son.
En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.
Demasiada alegría es dolorosa
Caballo que con tres años ve a una yegua y no relincha, o no le gusta la yegua o tiene prieta la cincha.
Deseando bienes y aguantando males, pasan la vida los mortales.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
Parientes pobres y trastos viejos, pocos y lejos.
A Dios rogando y con el mazo dando.
Abogacía, que una boga y otra cía.
Casa cerrada, casa arruinada.
Cavas tu tumba con los dientes.
Manos besa el hombre, que querría ver cortadas.
Gran mal padece quien amores atiende.
Al freír, será el reír y al pagar será el llorar.
Salud y fuerza en el canuto.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
Río, señor, horno, mulo ni molino, no lo tengas por vecino.
Bella por fuera, triste por dentro
Todos estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde.
Madeja enredada: quien te madejó, ¿por qué no te devanó?.
Reflexionar tres veces antes de obrar.
Por los Reyes lo conoce el buey, y por San Sebastián el gañán.
Decir pares, y salir nones, les ocurre a los mamones.