Oír, ver y callar, son cosas de gran preciar.
Quién no tiene de Inga tiene de Mandinga!
Ahora sí se monto la gata en la batea
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.
Que el agua es mejor que el vino, lo dice solo el pollino.
Hablar de la edad y del dinero es conversación de arrieros.
Hacer buenas (o malas) migas.
Fiebres otoñales, largas o mortales.
Quién guarda dos termiteros, vuelve de vacio.
La leche le dijo al vino: vente, amigo.
Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos. (Confucio, 551-479 a. C.)
Yo me quejaba que no tenía zapatos, hasta que me encontré a alguien que no tenía pies.
Por la Virgen de Lorena, verano fuera.
Buenos amigos y buenos Abriles, uno entre miles.
Donde la puerta te abren, honra te hacen.
Si no puedes mejorar lo dicho por otros, guarda el noble silencio.
Amigo insincero, hago cuenta que perdí, de mi mula el sudadero.
Al que muere en el barco, le reclama el charco.
Cuando el abad está contento, lo está todo el convento.
Gorgojo, más chico que un piojo; así de chiquito produce enojo
Antes de meter, prometer.
Todo gran amor no es posible sin pena.
Buena vida me paso, buena hambre me rasco.
Mal puede cumplir el pobre con la palabra dada.
Conquista el amor solo aquel que huye
A fullero viejo, flores nuevas.
El amor no hace hervir la olla
Quien ama sin placer, quien bebe sin sed y quien come sin hambre, poco vive
Palabra al aire fenece; pero escrita prevalece.
Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
Quien tiene hijo en tierra ajena, muerto le llora, y vivo le espera hata que llega la triste nueva.
El que sacrifica su conciencia a la ambición quema una pintura para obtener las cenizas.
A quien siembra espeso, dos veces le merma la panera: una cuando coge y otra cuando llena.
Escribano, puta y barbero pacen en un prado y van por un sendero.
Alas tenga yo para volar, que no me faltará palomar.
Llámame gorrión y échame trigo.
Del sabio es errar, y del necio perseverar.
Padres viejos, hijos huérfanos.
La zarza da el fruto espinando y el ruin llorando.
Sabiduría probada, no dársele a uno para nada.
¡Qué bella flor el laurel rosa! y ¡qué amargo es el laurel rosa!.
Casa donde hay ruda, el ángel la saluda.
El buen vino añejo hace al hombre niño y remoza al viejo.
Quien se refugia debajo de hoja, dos veces se moja.
El espíritu intenta seguir el mismo camino que el corazón, pero no llegará nunca tan lejos
Recogemos solo la felicidad que hemos dado a manos llenas, sin pedir nada a cambio
Gallegos y asturianos, primos hermanos.
Cada uno cuenta la feria como le ha ido.
Se halla en gran peligro el que, estando enfermo, cree en verdad estar sano.
Si la habilidad podría ser ganada mirando, perros serian carniceros.