Me juzgaba desgraciado por la falta de zapatos, hasta que vi a un hombre que no tenía pies.
Me lamentaba de no tener mejores zapatos hasta que vi un hombre que no tenía pies.
Nunca permitas que tus pies vayan por delante de tus zapatos.
Hasta que conocí a la iguana, no supe que color tenía.
Hijito de tigre, rayado tenia que ser.
Ya que lo tenía concertado, estorbómelo el verdugado.
Cada cual decía del amor que tenía.
El mochuelo le dijo al gorrión, que tenía un cabezón.
Gana tenía de tronchos quien besaba al hortelano.
Jugué con quien no sabía y me llevó cuanto tenía.
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
De pico tenía mi abuelo un jarro, se cayó y se quedó chato.