Con amigos de esa clase, ¿para qué quiero enemigos?.
Hasta la raíz más pequeña encuentra su leñador.
Para morirse, siempre hay tiempo.
Los hombres son como los caracoles que con el buen tiemposalen de la concha y con el malo se esconden en ella
No se le da un golpe en la cabeza a quien tiene tu dedo dentro de su boca.
De día beata, de noche gata.
A la mujer y a la cabra, la cuerda larga.
Considera enemigo a aquel que al agraviarte lo hace solo con intención
Enero y Febrero hinchan el granero, con su hielo y su aguacero.
Hombre avisado, medio salvado
Afición por afición, más cerca está la camisa que el jubón.
No repartas tus palabras a la gente común ni te asocies a uno demasiado expresivo de corazón.
Si quieres conocer a un hombre, no le mires; óyele.
La aguja viste a los demás y permanece desnuda.
Mujer que espera al príncipe azul, viches a los santos de tul.
La hierba no crece en el camino que une las casas de los amigos.
El hambre y la guerra, para verlos a cien leguas.
A quien se hace puntal los perros le orinan en el cuello.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
Mejor solo que mal acompañao.
A buen comer o mal comer, tres veces beber.
El vino hace buena sangre
Una buena mañana hace buena la jornada.
Hay que sufrir para merecer.
Siempre hay dos versiones de una misma historia. Procura escuchar las dos.
Si el/ella puede hacerlo, significa que yo puedo hacerlo mejor!
Pan con ojos y queso sin ellos.
El buen vino sin ramo se vende.
Allá ellos que son blancos y se entienden.
El mísero y mendigo pruebe con todos y luego con el amigo
De la esperanza vive el cautivo.
Abejas sin comida, colmenas perdidas.
Quien no dice lo que quiere, de tonto muere.
La adversidad forja hombres; la buena fortuna crea monstruos.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
A borracho fino, primero agua y luego vino.
De tal colmena tal enjambre.
Guárdate de la furia de una mujer despechada.
Quien ofende al amigo no perdona al hermano
La belleza está en los ojos de quien mira.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.
La felicidad no crece en el huerto del envidioso
Si quieres ser cornudo, ándate a la caza a menudo.
La necesidad no dice adiós, sino hasta luego.
A gusto dañado, lo dulce le resulta amargo.
Soñaba el ciego que veía y soñaba lo que quería.
Amigo, amigo, llamalé conocido, y va bien servido.
Hasta meter, prometer; y después de metido, se acabó lo prometido.
La tierra atrae tanto que los viejos caminan encorvados.
Colgar los guayos.