Codicia mala, el saco rompe.
En amores, los que huyen son vencedores.
La madre y la hija, por dar y tomar son amigas.
La que no anda precavida, al fin tiene su caída.
Anda a chinga a otro lado mejor..
En la hacienda o el hogar, mejor atajar que arrear.
El que quiera la fruta tendrá que trepar al árbol.
Donde hay ganancias las pérdidas se esconden por ahí cerca.
A quien le pique el alicante, que llamen al cura que le cante.
Somos lo que hacemos, sobretodo lo que hacemos para cambiar lo que somos.
A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
A la sombra de los buenos, viven los malos.
Por los reyes lo conocen los bueyes.
A la hija casada sálennos yernos.
Tres trasteos equivalen a un incendio.
No hay más chinche que la manta llena.
Buen moro, o mierda u oro.
Es fácil compartir la papa cuando hay amor.
Aguas calmadas estropean los puentes.
Quien trabaja por sí mismo trabaja por tres
Lo que del corazón rebosa, sálese por la boca.
Las aguas quietas, corren profundas.
El comer no admite espera, el pagar, la que se quiera.
Costurera mala, la hebra de a vara.
Dime lo que decantas y te diré lo que te falta.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
El vino poco, trae ingenio; mucho, se lleva el seso.
La muerte regalos no prende.
Más ordinario que un moco en una corbata.
El primer año es el difícil, todos los demás ya son iguales.
El hambre arroja al lobo al bosque.
La mujer, hermosa y la galga, golosa.
Cuando tres marchan juntos tiene que haber uno que mande.
Poca hiel corrompe mucha miel.
Quien amaga y no da, miedo ha.
Si quieres ver a tu marido gordito, después de la sopa dale un traguito.
El maíz que se coge en esa tierra se puede dejar pilar en el culo de una aguja de arria.
Tan mala memoria tengo, que si te he visto no me acuerdo.
En la huerta que hay mozo, está en la acequia o en el pozo.
Cuenta el milagro, pero no digas el santo.
Mayo ermitaño, que comienzas con la Cruz y acabas en lo alto.
Un amigo es un peso en el bolsillo.
De pequeñico se doma al mimbre.
El dinero atraviesa el hogar del pobre igual que sopla el viento a través de una cabaña en ruinas.
A las penas y al catarro, hay que darles con el jarro.
Un suspiro es poco alivio.
Lentejas,comida para viejas, quien quiere las come y quien no las deja.
Caro compro y barato vendo; si tú no me entiendes, yo me entiendo.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
Si no sabes a donde vas, regresa para saber de donde vienes.