El follo del santo, no hiede tanto.
Las treguas no son de demandar al tiempo de la muerte, ni de dar.
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio.
Fraile junto a doncella, ojo con él y ojos con ella.
Hay momentos en que hasta el tigre dormita.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
Si un arco iris dura un cuarto de hora, ya no se mira más.
Así como un medicamento amargo cura la enfermedad, las palabras sinceras, que hieren los oídos, benefician el comportamiento.
Si vives de fiado, vives señalado.
Si el cura se resfría, hasta el monaguillo tose.
La Luna cercada, de lluvias cargada.
De copiosas cenas están muchas sepulturas llenas; pero de no cenar, muchas más.
Quien no es para más, de hambre en su tierra perecerá.
Hijos y mujer añaden menester.
No digas: es imposible. Dí; no lo he hecho todavía.
El río, por donde suena se vadea.
Costumbres de mal maestro sacan hijo siniestro.
Los oídos no sirven de nada a un cerebro ciego.
De quien mira al suelo, no fíes tu dinero.
Me juzgaba desgraciado por la falta de zapatos, hasta que vi a un hombre que no tenía pies.
Las manos en la rueca, y los ojos en la puerta.
Panal de miel las palabras amables, dulzura para el alma y medicina para el cuerpo.
Huéspedes vendrán que de casa nos echarán.
No juzgues al hombre en el vino si no has bebido
De floja tierra, nunca abundante cosecha.
A ruin, ruin y medio.
Aunque digas y no hagas, haz y no digas.
Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no le alumbre.
La auténtica ciencia enseña sobre todo a dudar y a ser ignorantes
El orgullo no es grandeza, sino hinchazón.
Esperar salud en muerte ajena es condena.
La muerte todas las medidas vierte.
Cada año trae su daño, y cada día su acedía.
De desgraciados está el mundo lleno.
No hay tal reja como el culo de la oveja.
No hay caballo, por bueno que sea, que no tropiece algún día.
Más vale una cuchara de suerte que una olla de sabiduría.
La alegría da resplandor a la piel de la cara
El que ha desplazado la montaña es el que comenzó por quitar las pequeñas piedras.
El estúpido es como el ladrón de campanas que se tapa los oídos para no ser oído mientras roba.
Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.
Quedar como novia de pueblo (vestida y alborotada).
A gusto de los cocineros comen los frailes.
Nadie compra la vaca si le regalan la leche.
Fruta nueva? ¿quién no la prueba?
Al pagar dinero, pesar y duelo.
Quien bien imagina, llámese adivina.
Se puede esconder el fuego, pero ¿Qué se hace con el humo?
Palabras sin obras, barato se venden.
Favores recordados, ¡ya están saldados!.