La lengua unta y el diente pincha
El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda sentado en él.
Un vaso de vino añejo da alegría, fuerza y buen consejo.
Favores recordados, ¡ya están saldados!.
Menos la muerte y la jodienda todo tiene enmienda.
Necio o loco es el orgulloso, pues no medita en que fue lodo y será polvo.
Quien da consejo no pedido, se expone a perder el consejo y el amigo.
No vendas la piel antes de cazar al oso.
A las personas recién se las valora cuando se las pierde.
No tengáis en cuenta lo que vuestro corazón dice sobre la almohada
No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.
A los enfermos los sanos buenos consejos les damos.
Las calamidades son la piedra de toque de un hombre valeroso.
No existe más amor que el amor a primera vista
Gran rico hacen los dineros, y gran señor su desprecio.
Después de la victoria, aprieta el casco.
Quien bueyes ha perdido, cencerros se le antojan.
Dibujar una serpiente añadiéndole patas.
A dádivas, no hay acero que resista.
En mentando el ruin de Roma, por la puerta asoma.
Amor de puta y fuego de aulagas si presto se enciende, presto se apaga.
La felicidad viene a la casa donde se ríen.
De casa del abad, comer y llevar.
El ojo del amo hace más que sus manos.
¡Mira que dicha, perder el asno y encontrar la cincha!.
A cada puerta, su dueña.
Una sola palabra puede decidir un negocio. Y un solo hombre, la suerte de un imperio.
Cuando se desahoga el sentimiento, la pena es menos.
Para enseñar a los demás, primero has de hacer tú algo muy duro: has de enderezarte a ti mismo.
No hay más bronce que años once, ni más lana que no saber que hay mañana.
Una hoja ante los ojos impide ver la montaña Taishan.
A cada paje, su ropaje.
La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.
Ni mesa sin vino, ni sermón sin agustino.
Si buen consejo tomara, otro gallo le cantara.
¿Por qué atizas?. Por gozar de la ceniza.
El que antes de su muerte ha plantado un árbol, no ha vivido inútilmente.
Más valen amigos en la plaza que dineros en el arca.
De la mujer el primer consejo, que el segundo no lo quiero.
Ni el trigo es mío, ni es mía la cibera, conque así, muela el que quisiera.
Amistad del poderoso, sol de invierno y amor de mujer, duraderos no pueden ser.
Quien hace, aplace.
La maledicencia es una mala hierba que solo crece en los estercoleros.
¿Mirón y errarla?.
En la felicidad, el corazón se funde como la nieve en primavera
El que no sea cofrade, que no tome vela.
La abeja, unas flores escoge y otras deja.
El que en buen árbol se aloja, dos veces se moja.
Del sabio, poeta y loco, todos tenemos un poco.
Pecado de mucho bulto, no puede estar siempre oculto.