Corderica mansa mama a su madre y a la ajena.
El que un bien gozar espera, cuando espera, desespera.
Nunca falta un culo para un bacín.
El chofer que no es perito, no maneja sino el pito.
Llueve sobre mojado.
Que nadie le diga lo que tiene que hacer a alguien que ya ha decidido cuál debe ser su destino.
A donde va la gente, va Vicente.
Si te arrojas a un pozo, la providencia no está obligada a ir a buscarte.
Donde pone el ojo, pone la bala.
Decir bien y obrar mejor.
El maíz que se coge en esa tierra se puede dejar pilar en el culo de una aguja de arria.
A fuerza de constancia y fina intriga, un elefante desfloró a una hormiga.
Lo que no se conoce no se apetece.
Cuando mengua la luna, no siembres cosa alguna.
Enfrenta la lengua; considera y rumia las palabras antes de que salgan de la boca.
Hace buena cuenta quien con lo suyo se contenta.
A la luz de la candela, toda rústica parece bella.
Una abeja no hace colmena.
La marcha instruye al asno.
Un estómago hambriento no tiene ningún oído.
Lo que de noche se hace, de día se ve.
Mucho apretar, listo aflojar.
Cuando el diablo habla, licencia tiene de Dios.
Agua coge con harnero, quien se cree de ligero.
Ojo al Cristo que es de plata.
Moza gallega, nalgas y tetas.
No empeñes las prendas, mejor que las vendas.
Un hombre sin amigos es como un abedul desnudo, sin hojas ni corteza, solitario en una colina pelada.
Favor ofrecido, compromiso contraído.
Quien nada pide, nada recibe.
A secreto agravio, secreta venganza.
No oigo, soy de palo.
Hasta el final nadie es dichoso.
Hace más la raposa que la curiosa.
El burro sabe a quien tumba y el diablo a quien se lleva.
Un invitado debe marchar a tiempo y no abusar de su bienvenida; incluso un amigo se vuelve molesto si se queda demasiado tiempo.
El que asno nace, asno se queda.
A mala lluvia, buen paraguas.
Más vale color en la cara que dolor en el corazón.
De los hijos, el que muere, el más querido.
Que tienen que ver los cojones para comer trigo.
Es tonta la oveja que va a confesarse con el lobo.
Higos y nueces no se comen juntos todas las veces.
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
En casa como porquero, y en la calle, caballero.
Quien hace mal, aborrece la claridad.
La mejor fraternidad es la desgracia.
Al tonto se le conoce pronto.
Ni tan adentro del horno que te quemes, ni tan afuera que te hieles.
O jugamos todos, o se rompe la baraja.