Abre la puerta a la pereza y entraren tu casa la pobreza.
Buey que rumia, nada le duele.
Comida sin siesta, campana sin badajo.
Con pasteles de esperanza, nunca se llena la panza.
Tiran más tetas que carretas.
La boca rige la tierra, pero el mar lo rige la mano.
Al no ducho en bragas, las costuras le hacen llagas.
Aprende llorando y reirás ganando.
Dijo el gitano, pleitos te dé Dios, y los ganes.
La mentira busca el rincón.
No se manda al corazón
No pongas nunca la zorra a guardar gallinas.
Pulgas tiene la viuda, busque quien se las sacuda.
La limosna y el rezar, debajo del delantal.
Amor de madre, ni la nieve lo hace enfriar.
Por San Raimundo, viene la golondrina del otro mundo.
En martes, y tu hijo cases, y tu cerdo mates.
Por los Reyes lo conoce el buey, y por San Sebastián el gañán.
A fin de año, remienda tu paño.
Quien escribe mucho desvaría
Cada cual conoce el trote de su caballo.
Lo raro es caro.
Quien te alaba en tu presencia te censura en tu ausencia
Quien mucho duerme, legañas tiene.
Por muy pequeña que sea, la mujer siempre le gana al diablo en astucia.
Dios hace lo que quiere, y el hombre, lo que puede.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
Puso pies en polvorosa.
Las bridas para la lengua son siempre necesarias.
El dinero hace al hombre entero.
A viña vieja, amo nuevo.
A casa de mi novia llevé un amigo: él se quedó adentro y yo despedido.
Come el gato lo que no se halla a buen recaudo.
Quien tiene miedo tiene desgracia.
Una tormenta de arena pasa; las estrellas permanecen.
Cada vez que uno ríe quita un clavo del ataúd
Quien boca tiene a Roma va.
Para el particular, paso regular. Para el contratista, vista. Para el Ayuntamiento, paso lento. Pa la Diputación, buena canción. Pal Estáu, echáu.
De la viña del vecino, sabe mejor el racimo.
A la mujer y a la gata, no les lleves la contraria.
La fantasía es necesariamente inútil
De soltera, fina y curiosa, de casada, gorda y asquerosa.
De hora en hora, Dios mejora.
Contra los males de amor, cucharadas del olvido, con fomentos de otro amor; pero.
El que presta un libro es tonto, y más tonto el que lo devuelve.
El que a mi casa no viene, de la suya me despide.
No esperes paz del visitante que toca tu puerta con una piedra.
Necios y porfiados, hacen ricos a letrados.
Hacer la del capitán Araya; embarcar a los demás y quedarse en la playa.
Mal se aviene el Don con el Turulaque.