Ira de dos que se aman, en abrazos para.
Le busca las cinco patas al gato.
Ve tu camino para no tropezar.
La ocasión asirla por el guedejón.
Ocasión y tentación, madre e hija son.
A cazuela chica, cucharadica.
Cada arroyo tiene su fuente.
El hambre es el mejor cocinero.
Para putas y buen pan, Villanubla y Zaratán.
El que las sabe, las tañe.
Cuando viene la chata, qué haces sin estirar la pata.
Zurdos y cojos, denme en los ojos.
Fraile junto a doncella, ojo con él y ojos con ella.
Cabra coja no quiere siesta, y si la tiene caro le cuesta.
Gustos y colores, los que cada uno prefiera son los mejores.
Hay alegrías sosas y tristezas sabrosas.
Pescado de buen comer, del mar ha de ser.
El lechón de un mes, y el pato, de tres.
Nunca llueve a gusto de todos.
La belleza es de índole caduca; una sola estación y desaparece
Del dicho al hecho hay largo trecho.
Padre, que me ahorcan; hijo, a eso se tira.
Cuando se emborracha un pobre, ¡que borrachón!; pero si se emborracha un rico, ¡qué graciosón!.
En la casa del cura siempre hay hartura.
A la vejez aladares de pez.
Más vale mujer triste que marido que embiste.
Malo es el zamarro de espulgar, y el viejo de castigar.
Chica es del diablo la capa, y cuando tapa por un lado, por el otro destapa.
Cuando el cura se va a peces, donde irán los feligreses.
Dios da bragas a quien no tiene culo.
Juego y bebida, casa perdida.
Las pulseras de metal suenan si son dos.
Al mal tiempo, alpargatas blancas.
Cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo; y cuando vuela a trampicones, hace un frío de cojones.
Buena Voluntad hace que el camino sea más corto.
Cuando fueres a la venta, la ventera sea tu parienta.
Hasta el más delgado pelo, hace una sombra en el suelo.
Los amigos de los buenos tiempos son como los gatos callejeros
En el buen tiempo, amistades ciento; mudada la fortuna, ni una.
Como es el padre, así es el hijo.
Tiran más tetas que carretas.
De los muertos no se hable sino bien.
Al no ducho en bragas, las costuras le hacen llagas.
Quien mierda echa en la colada, mierda saca.
Gran corsario es el tiempo, siempre llevando, siempre trayendo.
Por Santa Ana no hay borrica mala y por Santiago no hay mal caballo.
Comida sin siesta, campana sin badajo.
De pequeños principios resultan grandes fines.
Con pasteles de esperanza, nunca se llena la panza.
Quién escucha la voz del anciano es como un árbol fuerte; quién tapa los oidos es como una rama al viento.