Nadie diga: de esta agua no bebere.
Las penas no matan, pero rematan.
Arregostóse la vieja a los berros; no dejó verdes ni secos.
La excepción no hace la regla, sino que estará fuera de ella.
Hablar en plata blanca.
Aleluya, aleluya, cada uno con la suya.
A tres azadonadas, sacar agua.
Cada loco con su tema.
Para un hambriento, el pan cuece lentamente.
Quien hace, aplace.
A viña vieja, amo nuevo.
Quien dijo miedo, detrás de un palo.
Hacer una tempestad en un vaso de agua.
Como la moza del abad, que no cuece y tiene pan.
Dando y tomando, no cabe engaño.
El borracho, aunque turbio, habla claro.
Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
Tres ces matan a los viejos: caída, cámaras y casamiento.
La mitad de nuestras equivocaciones nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos.
Si vences la desesperación vencerás otras batallas
Paciencia ofendida sale de madre enseguida.
Rencillas entre amantes, mayor amor que antes.
El jorobado no ve su joroba, sino la ajena.
Reyes y gatos son bastante ingratos.
Lo que deprisa se hace, despacio se llora.
Primero, pensar y después, hablar.
Solo el ruiseñor es capaz de comprender a la rosa.
El mismo martillo que rompe el cristal forja el acero.
La fuerza no es un remedio
Olvidado y nunca sabido, viene a ser lo mismo.
Lengua de vieja cuentera, corta más que una barbera.
La reflexión consigue tantas victorias como la precipitación consigue derrotas.
Dar al olvido.
Orden y contraorden, desorden.
Las muchachas en la fuente, tornar a casa no tienen en la mente.
Quien mal se casa, pronto vuelve a casa.
Yerros de amor, dignos son de perdón.
Aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo.
Castigo de uno, escarmiento de muchos.
Madre, casarme quiero, que ya sé freír un huevo.
Palabras y plumas el viento las tumba.
Madrastra, ni de cera ni de pasta.
Las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
El que no chilla, no mama.
Criados, enemigos pagados.
El juego pone a prueba el oro, y el oro pone a prueba el juicio.
Bendito aquel que, no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarnoslo con sus palabras.
Al roble no le dobles.
Un yerro, padre es de ciento.