No puedes enderezar el mundo con tu hombro.
Como lo de aquí para allá es subida, lo de alla para acá es bajada.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
El consejo del padre capuchino: con todo lo que comas, vino.
A cada cien años los reyes son villanos, y al cabo de ciento diez, los villanos son reyes.
Las penas de amor las quita el licor
Si te he visto no me acuerdo.
De las mujeres bellas y de las flores de mayo se va la belleza en un día
Aquella que la alza una vez, la alza siempre.
La madre no comió carne; el padre no bebió vino; y salió sietemesino.
Jueguen con el santo, pero no con la limosna.
Ver un buey volar, a muchos necios oí afirmar.
La mujer cuanto más pequeñita mejor
Buena romería haz, quien a su casa pone en paz.
El hombre sabio aprende a costa de los tontos.
De casa del abad, comer y llevar.
Una vez engañan al prudente y al necio veinte.
Éste cree que vengo de arriar pijijes.
El enemigo del padre no es amigo del hijo
Más vale dar a ruines que rogar a buenos.
Demasiada amistad genera enfados
Cuando la yegua no pasa y la mujer dice se casa, la yegua no pasa y la mujer se casa.
La mujer y el sacristán, de la tierra sacan el manjar.
Candelaria: ¡Permanece dentro, el Invierno está afuera!
A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
La mano que da está por encima de la mano que recibe
La pereza es la madre de todos los vicios.
Libra tu lengua de replicar a tu superior y guárdate de denigrarle.
Lo pasado, pasado, y lo mal hecho, perdonado.
La fe no tiene miedo.
El día nunca retrocede de nuevo.
Tener todo lo necesario para ser feliz, no es una buena razón para serlo realmente
Casa al hijo cuando quisieres y la hija cuando pudieres.
Uso tu propia lanza contra tu propio escudo.
Algo sabe el que no sabe, si callar sabe.
Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
Con leña prometida no se calienta la casa.
Quien murmura del ausente, a un muerto teme.
En Diciembre, se hielan las cañas y se asan las castañas.
No hay como la casa de uno
El sabio no dice lo que sabe y el necio no sabe lo que dice.
La felicidad no es cosa de risa
El río pasado, el santo olvidado.
Donde hay miedo hay poco lugar para el amor
Las grandes cargas están hechas de pequeños puñados.
Cuídate si quieres que Dios te proteja
Hasta que llegue Navidad, no eches manos a podar.
Zurcir y remendar y mejores tiempos esperar; y si no vinieren, será lo que Dios quisiere.
El Dios desea el respeto del pobre más que la honra del encumbrado.
Una alegría compartida se dobla, mientras que una aflicción compartida se reduce a la mitad.