El que a dos amos atiende, a uno le queda mal.
Solo se cumplen los sueños de los que los tienen.
La suegra, ni aún de azúcar es buena.
Cuando el vil enriquece, no conoce hermano ni pariente.
Dos amigos de una bolsa, el uno canta y el otro llora.
La mujer y la cartera, cuanto más pequeña más fea.
Manos calientes y corazón frío, amor perdido.
Bienes que ocasionan males, no son tales.
Quien té presta, te ayuda a vivir.
Cuanto más sucia es la criada, más gorda está el ama.
El sol quema la espalda; el hambre el vientre.
A perro viejo no hay tus tus.
Lo que uno no quiere, otros lo desean.
El corazón y los ojos nunca son viejos.
La mujer que de día calla por la noche manda.
El amor es ciego, y el matrimonio lo cura.
Da limosna, oye misa, y lo demás te lo tomas a risa.
Los ojos todo lo ven, y a sí mismos no se ven.
Más quiero poco seguro que mucho en peligro.
La bondad, quien la tiene la da.
Criada trabajadora hace perezosa a la señora.
Al comer retoños de bambú, recuerda al hombre que los plantó.
Guárdete Dios del diablo, de hijo y ojo de puta, y de tumbo de dado.
La rubia de la panadera, que con el calor del horno se quiere poner morena.
A la mujer parida y a tela urdida, nunca le falta guarida.
A ama gruñona, criada rezongona.
Quién defiende su tiempo, defiende su dinero.
El llanto alivia el quebranto.
Cuando las ranas críen pelos y los sapos orejas.
A llorar al cuartito.
Paga lo que debes; que lo que yo te debo, cuenta es que tenemos.
Todos desnudos nacemos, aunque vestidos nos vemos.
Asi joven supiera y el viejo pudiera.
Hacer que hacemos, y no hacemos nada.
La hacienda bien ganada con afán se guarda.
Más se junta pidiendo que dando.
Si se dejan abiertas las puertas, los cerdos correrán al trigo
Cuentas viejas líos y quejas.
A camas honradas, no hay puertas cerradas.
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
Las chicas enamoradas y los contrabandistas conocen los atajos
¿De dónde eres, hombre?. De la aldea de mi mujer.
La iglesia abierta y el sacristán en la puerta.
Qué buenos semos, mientras comemos.
La mujer y la gallina, por la pluma se adivina.
De dos que pleitan, otros se aprovechan.
Mal lo pasa quien con un vago se casa.
A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
Aunque callo, irse han los huéspedes y comeremos el gallo.
Juntos por el mundo van el bien y el mal.