Cuando la piedra ha salido de la mano, pertenece al diablo.
Quien de los suyos se aleja, Dios le deja.
Amor que empieza en boda, acaba en boda.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
Codicia mala, el saco rompe.
A enemigo que huye, puente de plata.
Ausencia al más amigo, pronto lo pone en olvido.
La casa del que se burla, acaba incendiándose.
De Segovia, ni el aire ni la novia.
Viejo que se casa con mujer moza, o pronto el cuerno, o pronta la losa, si no son ambas cosas.
En casa del ruin, la mujer es alguacil.
Del ahogado, el sombrero.
Cuando las vigas se rompen se reconstruyen; cuando los hombre mueren se les sustituye.
Como el azúcar no es arsénico, muchas tumbas están llenas.
Porfía mata venado, que no venablo.
Mujer, viento y ventura, pronto se mudan.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
Mal se conforma con el viejo la moza.
La carne ha bajado y los pulmones han subido.
La verguenza es último que se piedre.
Dad al diablo la puerta que con cualquier llave está abierta.
Cada cosa tiene su precio.
¡A darle que es mole de olla!
Trabajo hecho en domingo, el diablo se lo lleva.
Amor sin sacrificio, más que a amor, tira a fornicio.
Para buena vida, orden y medida.
El que de la ira se deja vencer, se expone a perder.
La mierda cuando la puyan hiede.
El montañés, por defender una necedad dice tres.
Quien mucho duerme, poco vive.
Cuando se cae el burro, se le dan los palos.
Entre marido y mujer, nadie se debe meter.
Por San Eugenio, la leña en el hogar y las ovejas a encerrar.
Más vale dar a ruines que rogar a buenos.
No hay cosa más fría que las narices de un perro y el culo de la mujer.
La casa, la mujer la hace o deshace.
La mujer hermosa, o loca o presuntuosa.
El que porfía mata venado.
No vive más el querido ni menos el aborrecido.
Casa sin sol, hace que el médico entre a todas horas.
El paso de la vida, no es atravesar una llanura.
El cuco y el sacristán, juntos de juerga se van.
Demasiado pedo para la mula.
Malo es pecar, y diabólico perseverar.
Llagas hay que no curan, y toda la vida duran.
A boda y bautizo, no vayas sin ser llamado.
La tristeza es como un vestido rasgado: hay que dejarlo en casa.
El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.
El amor y la fe, en las obras se ve.
Toda demasía enfada y hastía.