Asno de dos, válgale Dios.
A puerta cerrada el diablo se vuelve.
El tonto ni de Dios goza.
Quien te adula, te traiciona.
Tiene más miedo que vergüenza.
No desprecies el consejo de los sabios y los viejos.
Palabra dada, palabra sagrada.
A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento.
Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierda no importa.
Quien es feliz habla poco
El agua se purifica fluyendo; el hombre, avanzando.
Gozar al pedir, al pagar sufrir.
El mosquito no se apiada del hombre, por más flaco que esté.
A las flores les pedimos que tengan perfume. A los hombres, educación.
Escucha el viento... que inspira
Para quien roba un reino, la gloria; para quien roba un burro, la horca.
El corazón del justo, piensa para responder.
No gozar para no sufrir, es la regla del buen vivir.
Caridad con trompeta, no me peta.
Dios me dé contienda con quien me entienda.
La alegría rejuvenece, la tristeza envejece.
No dará de culo quien sabe vivir con disimulo.
Mejor ser un rico pobre, que un pobre rico.
Hombre refranero, hombre de poco dinero.
La paciencia es agria, pero tiene una fruta dulce.
De lo que por sutil se quiebra, no hagas hebra.
Sabio es aquel que piensa antes de actuar.
Debo, no niego; pago, no tengo.
El que regala bien vende, si el que recibe lo entiende.
La carne triste, no la quiere ni Cristo
No inclines la balanza, ni falsees los pesos, ni alteres las fracciones de la medida. El mono se sienta junto a la balanza y su corazón es fiel. ¿Qué Dios es tan grande como Thot, el que descubrió estas cosas, para hacerlas?
El que lava la cabeza del asno, pierde el jabón, y el que predica en desierto pierde el sermón.
Aunque se saque el oro de vil escoria, a todos les huele a gloria.
Al hombre de trato llano, gusta darle la mano.
Todos somos iguales, pero unos menos que otros.
Un hombre sin amigos es como un abedul desnudo, sin hojas ni corteza, solitario en una colina pelada.
La paciencia es buena ciencia.
El hombre propone y Dios dispone.
Buscar excusas a una idiotez es cometer otra.
El silencio hiere más, que la palabra procaz.
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
Nadie da lo que no tiene.
Lo que hace el necio a la postre, eso hace el sabio al principio.
La boca del justo profiere sabiduría, pero la lengua perversa será cercenada.
Donde el corazón se inclina, el pie camina.
A cada día su pesar y su esperanza.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
A Dios, lo mejor.
Cada cual siente sus duelos y pocos los ajenos.
Haya marido, aunque sea de grano mijo.