Si eres clemente, serás feliz siempre.
La mujer gentil, de un pedo apaga el candil.
El que desprecia un centavo deseará después un peso.
Al cuerdo o al hábil, todo le es fácil.
De lo bendito, poquito.
Quien habla sin razonar, mucho lo ha de lamentar.
Del que jura, teme la impostura.
El que más hace, es el que menos merece.
Solo deja para los demás lo que no quieras hacer tú mismo.
El que no puede sobrellevar lo malo no vive para ver lo bueno.
A tal señor, tal honor.
Perro pendejo, no va a la gloria.
El que da todo lo que tiene en cueros se queda y nadie lo quiere.
La inocencia de un ratón puede mover un elefante.
No esperes paz del visitante que toca tu puerta con una piedra.
Al desagradecido, desprecio y olvido.
A los ignorantes los aventajan los que leen libros. A Éstos, los que retienen lo leído. A Éstos, los que comprenden lo leído. A Éstos, los que ponen manos a la obra.
Ya que no eres casto, sé cauto.
Para gozar de la vida, no hay que pedirle todo: Solo hay que pedir vida para gozar todo.
Dios no cumple antojos, ni endereza jorobados.
De puta vieja y de tabernero nuevo, guárdenos Dios.
La mujer sabía edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.
Estando en la mala, uno pisa mierda y se resbala.
De floja tierra, nunca abundante cosecha.
Sé constante en tu corazón; haz firme tu pecho; gobierna no solo con tu lengua. Si la lengua del hombre fuese el timonel de una embarcación, el Dios sería su capitán.
La necesidad agudiza el ingenio.
El afeite que más hermosea es la dádiva buena.
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
La vida es un montón de pequeñas cosas
Buen hondero el que mete dos piedras por un mismo agujero.
Creer que el enemigo débil no puede dañarnos es creer que una chispa no puede causar un incendio.
Plata refinada es la lengua del justo; el corazón del malvado no vale nada.
La libertad vale más que el oro
El viejo desvergonzado, hace al niño mal educado.
Mucho sabe quien callar sabe.
Dios no se queda con nada de nadie.
Aseada aunque sea jorobada.
Perdiendo aprendí; más vale lo que aprendí que lo que perdí.
Ir despacio es de Dios; ir rápido es del diablo.
Más vale cobarde vivo que valiente muerto.
El que presta, a pedir se atiene.
Estamos en este mundo para convivir en armonía. Quienes lo saben no luchan entre sí.
Sin virtud poco vale la salud.
Lo que se deja al tiempo es del tiempo
Justicia humana claudica, pero mi Dios sí la aplica.
La mujer y el sacristán, de la tierra sacan el manjar.
Paciencia, cachaza y mala intención.
Un sabio y un tonto saben más que un sabio solo.
Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
Una buena fuente se conoce en la sequía y un buen amigo en la adversidad.