Mentiras de día y pedos de noche, los hay a troche y a moche.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Para el particular, paso regular. Para el contratista, vista. Para el Ayuntamiento, paso lento. Pa la Diputación, buena canción. Pal Estáu, echáu.
Ya lo dijo un buen alcalde: en las fiestas todo de balde.
Breve habla el que es prudente.
Hacer ruido, para sacar partido.
Amores, dolores y dineros, no pueden estar secretos.
Amigos pobres, amigos olvidados
Médicos y abogados, Dios nos libre del más afamado.
El que toma parientes más honrados que sí, señores toma a quien servir.
A quien te hizo beneficio, está siempre propicio.
El yerro del médico, la tierra le tapa; el del letrado, el dinero le sana.
El zapatero, juzgue de su oficio y deje el ajeno.
Alcalde tonto, sentencia pronto.
Quien roba poco es ratero; y quien mucho, financiero.
En negocios de mucho tomo, ándate con pies de plomo.
En la casa donde no hay gobierno, a pellizcos se va un pan tierno.
Bromas y chascarrillos para los amiguillos.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
Amor de puta y convite de mesonero, siempre cuesta dinero.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Quien tiene ocios, le salen mal los negocios.
Del viejo, el consejo; y del rico el remedio.
Comer en bodegón y joder en putería.
Más ablanda el dinero que palabras de caballero.
Según es el dinero, es el meneo.
Quien manda, manda y cartuchera en el cañón.
Para amigo, cualquiera; para enemigo, quien quiera.
El bobo José Mamerto, tras de jetón, boquiabierto.
Maderos hay que han dicha, maderos hay que no; de unos hacen santos, y de otros carbón.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Zapatero remendón, en el hombre lleva el don.
Idealista de la intriga, que piensan con la barriga.
Con pedantes, ni un instante.
Más vale juzgar entre enemigos que entre amigos.
Los ladrones y los nabos no quieren ser ralos.
Hablar hasta por los codos.
Colgar los guayos.
Presidente bueno, como abuelo en putrefacción.
Guiso recalentado y amigo reconciliado, dales de lado.
Ricos, pobres, flacos, gordos, todos mordemos el polvo.
Dinero de suegro, dinero de pleito.
Gente de navaja, poco trabaja.
Quien compra al amigo o al pariente, compra caro y queda doliente.
Amantes y ladrones, gustan de la sombra y los rincones.
Ni todos los que estudian son letrados ni todos los que van a la guerra soldados.
A quien cuida la peseta nunca le falta un duro.
Mercader y puerco, quiérolos muertos.
Hasta al de más discreción, la plata lo hace soplón.
Abad y ballestero, mal para los moros.