A falta de hombres buenos, a mi padre hicieron alcalde.
La gente joven dice lo que hace, la gente vieja dice lo que hizo, y los tontos lo que les gustaría hacer.
Entre dos amigos, un notario y dos testigos.
A la puta y al barbero, nadie los quiere viejos.
A putas y ladrones nunca faltan devociones.
No dejar títere con cabeza.
Los tontos hablan mucho y no dicen nada.
Alcalde cruel, nadie dice bien de él.
A palabras necias, bofetones.
Con amigos de esa clase, ¿para qué quiero enemigos?.
Cualquiera es gobernador, si le otorgan ese honor.
Unos dicen lo que saben, y otros saben lo que dicen.
Andar y callar, eso es negociar.
Los pícaros creen que nada puede hacerse sin picardía.
Abogado, juez y doctor, cuanto más lejos, mejor.
Belleza y dinero, primero lo postrero.
Quien tiene compañero, tiene amigo y consejero.
Es mejor deber dinero y no favores.
El traidor y el incapaz, siempre asechan por detrás.
Quien ahorra una peseta cuando puede, tiene un duro cuando quiere.
Cada loco con su tema y cada cuerdo con su apotema.
Acaso nuevo, consejero nuevo.
Hablen cartas y callen barbas.
Reinos y dineros no quieren compañeros.
Estornudos y frailes, salen a pares.
Pagan justos por pecadores.
Quién defiende su tiempo, defiende su dinero.
Para lo malo, de peña; para lo bueno, de cera.
Vecinas porque les digo las mentiras.
Negocios hay que están bien a las dos partes.
Cuando pobre, franco; cuando rico, avaro.
Es mejor tres hombres corrientes que uno sabio.
Burros o coces, arrieros a palos y a voces.
Putas y tuertos todos somos vueltos.
Quien sea dueño de intereses, no se enrede con los jueces.
Los casados, casa quieren.
Dame dineros y no consejos.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
Armas y dineros quieren buen dueño.
No paga los platos rotos, pero arma los alborotos.
Harto es bobo quien se mete en la boca del lobo.
Tres personas con las que nunca deberías hacer negocios: La demasiado impaciente, la demasiado ambiciosa y la demasiado desesperada.
Amigos y compadres búscalos entre tus iguales.
Pajes; mozos y era Perico solo.
Abogacía, que una boga y otra cía.
Hombre amañado, para todo es apañado.
Chaqueteros y ramplones, en cada pueblo, montones.
Al alcalde y a la doncella, no les diga nadie: "Si yo quisiera.".
Mas papista que el Papa.
A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.