No te guíes por mi apariencia, soy más ingenuo de lo que parezco.
Casa de mantener, castillo de defender.
Los amigos van y vienen, los enemigos se acumulan.
Indio, pájaro y conejo, en tu casa ni aún de viejo.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
El que necesita, te visita.
Guarda bien: pero no tanto que no halles lo guardado.
Más valen amigos en la plaza que dineros en el arca.
Hablando a largo plazo muertos estamos todos.
Los difuntos, todos juntos.
Dicen y decimos que más vale un hermano que diez primos.
El que se ríe a solas de su maldad se acuerda.
Hombre probo y recio, no tiene precio.
Riñen los amantes y quiérense más que antes.
Un hombre de respeto debe ser reservado, reflexivo y valiente en la batalla; todos (los hombres) deben mantener el buen humor hasta que el fin les llegue.
Zurdos y calvos y rubios no habían de estar en el mundo.
Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento.
Llegada la ocasión, el más amigo, el más ladrón.
Para que no se espante el borrico por delante.
El que quiere, va; el que no quiere, envía.
Con gente de mala casta ni amistad ni confianza.
Un hombre puede lo que sabe
La mula y la mujer son malos de conocer.
Quien te altera te controla.
Siempre que puedas, mantente cerca de los que tienen buena suerte.
Escuchar cientos veces; ponderar mil veces; hablar una vez.
Hay que estar afuera, para ver lo de adentro.
Gente de trato llano, esa es de mi agrado.
Un hombre demasiado ocupado para cuidar de su salud es como un mecánico demasiado ocupado como para cuidar sus herramientas.
Los sirvientes no son diligentes si el amo es descuidado.
Más vale callar que con borrico hablar.
Mande el que puede, y obedece el que debe.
Burlas verdaderas, peores son que agrias veras.
Juego de manos es de villanos.
Más vale que los dientes no riñan con la lengua.
Cabellos y virgos, muchos hay postizos.
Mis hijos criados, mis cuidados doblados.
Dios da pan a los que no tienen dientes.
Lo comido por lo servido.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
La muchacha que es bonita, afeites no necesita.
Andar y callar, eso es negociar.
Pregunta lo que no sepas y pasarás por tonto unos minutos; no lo preguntes, y serás tonto la vida entera.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
Palabra que retienes dentro de tí, es tu esclava; la que se te escapa, es tu señora.
Las palabras se las lleva el viento, hasta que te las recuerdan por cientos.
La prolijidad suele engendrar el fastidio.
No confundas al hombre en el tribunal ni desvíes al justo.
Cuando un hombre hace el tonto, siempre es por una mujer.
Hay que andar más tieso que un ajo.