Ratones y falsos amigos, huyen cuando oyen ruido.
La gallina, la mujer y el marrano, con la mano.
Las mocitas de este pueblo mean todas en corrillo, menos la hija del secretario, que mea en un canastillo.
A cada necio agrada su porrada.
Da una sola campanada, pero que sea sonada.
Teta que mano no cubre, no es teta, sino ubre.
La pera y la doncella, la que calla es buena.
Ayatola no me toques la pirola.
No compra barato quien no ruega rato.
Con ayuda del vecino, mató mi padre un cochino.
Aquí el más tonto hace relojes.
Debajo del buen sayo está el hombre malo.
Amo de muchos gañanes, todos para él truhanes.
Al buen vino, buen tocino.
Marido celoso, viejo mañoso.
Por Santa Catalina mata la cochina, por San Andrés, mata tu res; y si no tienes qué matar, mata a tu mujer.
Ratones nos dé Dios, y gatos nos los daremos.
En Mayo lodo, espigas en Agosto.
Por la peana se adora al santo.
De la mar el mero y de la tierra el carnero.
A barbas honradas, honras colmadas.
Donde entra la cabeza, entra la cola
El gañán y el gallo, de un año.
El que ve la mota en el ojo ajeno, vea la viga en el suyo.
Mujer de tahúr, no te alegres, o que ti home esta noche gana mañana lo pierdes.
A las veces la cabra bala por el cuchillo que la mata.
Santo Tomás, una y no más.
La nuera barre para que la suegra no ladre.
Ni gato en palomar, ni cabra en olivar.
El sastre engaña al parroquiano, y bien vestido el parroquiano, a la mitad del género humano.
Una liebre con dos galgos se avasalla, y si se va que se vaya.
Si el liso viera y la víbora oyera no habría hombre que al campo saliera.
Dimes y diretes, entre grandes y pequeñetes.
En Calatañazor, Almanzor perdió el tambor.
Cojo con miedo, corre ligero.
A consejo de ruin, campana de madera.
Hable el sabio y escuche el discreto.
Es caballero, no el que tiene caballo, sino el que tiene dinero.
A la corta o a la larga, el galgo a la liebre alcanza.
Caballo de muchos amos, siempre muere de gusanos.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
El que de Santo resbala hasta demonio no para.
Dádiva de ruin, a su dueño parece.
Por San Clemente, alza la tierra y tapa la simiente.
A borregos recién esquilados, no les mande Dios viento helado.
Cabeza grande, talento chico.
La ocasión hace al ladrón y el agujero al ratón.
La mayor conquista en el carácter de un guerrero es su propio temple.
Con dinero, aunque borrico, ¡qué buena persona el chico!.
Pa' todo hay fetiche.