Para cada hombre sabio hay un más sabio.
Un sabio y un tonto saben más que un sabio solo.
Toma a un hombre sabio para aprender de sus errores, pero a uno más sabio que aprenda de los errores de otros.
Callando el necio, se hace discreto.
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
En la boca del discreto, lo público es secreto.
El hombre discreto hace nacer más oportunidades que las que encuentra.
Calle el que dio y hable el que recibió.
El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.
De quien a la cara no mira, todo hombre discreto desconfía.
De los muertos no se hable sino bien.
El hombre discreto saca mayores ventajas de sus enemigos que un tonto de sus amigos.